Y acaeció que los lamanitas subieron por el norte del cerro, donde se hallaba escondida una parte del ejército de Moroni. Y luego que los lamanitas hubieron pasado el cerro Ripla, y entrado en el valle, y empezado a cruzar el río Sidón, el ejército que se hallaba escondido al sur del cerro, que era dirigido por un hombre llamado Lehi, y este condujo a sus tropas por el lado del este y rodeó a los lamanitas por la retaguardia. Y ocurrió que cuando vieron que los nefitas venían contra ellos por la retaguardia, los lamanitas se volvieron y empezaron a contender con el ejército de Lehi.
Y empezó la mortandad en ambos lados, pero fue más terrible entre los lamanitas, porque su desnudez quedaba expuesta a los fuertes golpes de los nefitas con sus espadas y cimitarras, que herían de muerte casi a cada golpe.
Mientras que de la otra parte, de cuando en cuando caía un hombre entre los nefitas por la espada y la pérdida de sangre, ya que tenían protegidas las partes más vitales del cuerpo, o sea, que las partes más vitales del cuerpo estaban protegidas de los golpes de los lamanitas por sus petos, sus escudos y sus cascos; y así los nefitas sembraron la muerte entre los lamanitas.
Y aconteció que los lamanitas se espantaron a causa de la gran destrucción entre ellos, al grado de que empezaron a huir hacia el río Sidón. Y Lehi y sus hombres los persiguieron; y fueron ahuyentados por Lehi hasta dentro de las aguas de Sidón, y atravesaron las aguas de Sidón; y Lehi detuvo a sus ejércitos en la ribera del río Sidón, para que no lo cruzaran.
Y sucedió que Moroni y sus fuerzas salieron al encuentro de los lamanitas en el valle del lado opuesto del río Sidón, y empezaron a caer sobre ellos y a matarlos. Y los lamanitas huyeron de ellos otra vez hacia la tierra de Manti; y de nuevo los acometieron los ejércitos de Moroni. Ahora bien, en esta ocasión los lamanitas lucharon extraordinariamente; sí, jamás se había sabido que los lamanitas combatieran con tan extremadamente grande fuerza y valor; no, ni aun desde el principio.
Y los animaban los zoramitas y los amalekitas, que eran sus principales capitanes y caudillos, y también Zerahemna, su capitán en jefe, o caudillo principal y comandante; sí, pelearon como dragones, y muchos de los nefitas perecieron por su mano; sí, porque partieron en dos muchos de sus cascos, y atravesaron muchos de sus petos, y a muchos les cortaron los brazos; y de este modo fue como los lamanitas atacaron en su furiosa ira.
No obstante, inspiraba a los nefitas una causa mejor, pues no estaban luchando por monarquía ni poder, sino que luchaban por sus hogares y sus libertades, sus esposas y sus hijos, y todo cuanto poseían; sí, por sus ritos de adoración y su iglesia. Y estaban haciendo lo que sentían que era su deber para con su Dios; porque el Señor les había dicho, y también a sus padres:
Si no sois culpables de la primera ofensa, ni de la segunda, no os dejaréis matar por mano de vuestros enemigos.
Y además, el Señor ha dicho:
Defenderéis a vuestras familias aun hasta la efusión de sangre.
Así que, por esta causa los nefitas luchaban contra los lamanitas, para defenderse a sí mismos, y a sus familias, y sus tierras, su país, sus derechos y su religión.
Y aconteció que cuando los hombres de Moroni vieron la ferocidad e ira de los lamanitas, estuvieron a punto de retroceder y huir de ellos. Y Moroni, percibiendo su intención, envió e inspiró sus corazones con estos pensamientos, sí, pensamientos de sus tierras, de su libertad, sí, de estar libres del cautiverio. Y aconteció que se volvieron contra los lamanitas, y clamaron a una voz al Señor su Dios, a favor de su libertad y de estar libres del cautiverio. Y empezaron a resistir a los lamanitas con vigor; y en esa misma hora en que oraron al Señor por su libertad, los lamanitas empezaron a huir delante de ellos, y huyeron hasta las aguas de Sidón.
Ahora bien, los lamanitas eran más numerosos, sí, eran más del doble del número de los nefitas; no obstante, fueron perseguidos hasta quedar reunidos en un grupo, en el valle sobre la ribera del río Sidón. De modo que los ejércitos de Moroni los cercaron; sí, por ambos lados del río, pues he aquí que al este se hallaban los hombres de Lehi. Por tanto, cuando Zerahemna vio a los hombres de Lehi al este del río Sidón, y a los ejércitos de Moroni al oeste del río, y que los nefitas los tenían cercados, el terror se apoderó de ellos. Y Moroni, viendo su terror, mandó a sus hombres que pararan de derramar su sangre.