Zarahemla bajo el régimen monárquico

La Rebelión de los hijos de Alma y Mosíah

Mosiah 27:8–9, 34

El hijo de Alma, Alma, y los hijos de Mosíah, Ammon, Aarón, Omner, y Himni, están entre los incrédulos que causan muchos problemas para la iglesia.

Ahora bien, los hijos de Mosíah se hallaban entre los incrédulos; y también se contaba entre ellos uno de los hijos de Alma, llamado Alma, igual que su padre; no obstante, se convirtió en un hombre muy malvado e idólatra. Y era un hombre de muchas palabras, y lisonjeó mucho al pueblo; por lo que indujo a muchos de los del pueblo a que imitaran sus iniquidades. Y llegó a ser un gran estorbo para la prosperidad de la iglesia de Dios, granjeándose el corazón del pueblo, causando mucha disensión entre la gente, dando oportunidad para que el enemigo de Dios ejerciera su poder sobre ellos.


Y cuatro de ellos eran los hijos de Mosíah; y se llamaban Ammón, y Aarón, y Omner e Himni; y estos eran los nombres de los hijos de Mosíah.

Mosiah 27:10–12, Alma 36:6–7

Un día, mientras estaban causando estragos, aparece un ángel en una espectacular exhibición que sacude la tierra.

Ahora bien, aconteció que mientras se ocupaba en destruir la iglesia de Dios, porque iba secretamente con los hijos de Mosíah, tratando de destruir la iglesia y descarriar al pueblo del Señor, cosa contraria a los mandamientos de Dios, y aun del rey, pues como ya os dije, mientras iban aquí y allá rebelándose contra Dios, he aquí, se les apareció el ángel del Señor; y descendió como en una nube; y les habló como con voz de trueno que hizo temblar el suelo sobre el cual estaban; y tan grande fue su asombro que cayeron por tierra, y no comprendieron las palabras que les habló.


Porque yo andaba con los hijos de Mosíah, tratando de destruir la iglesia de Dios; mas he aquí, Dios envió a su santo ángel para detenernos en el camino. Y he aquí, nos habló como con voz de trueno, y toda la tierra tembló bajo nuestros pies; y todos caímos al suelo porque el temor del Señor nos sobrevino.

Mosiah 27:13, Alma 36:8, 38:7

El ángel llama a Alma por su nombre y le pregunta por qué está persiguiendo a la iglesia.

Sin embargo, clamó otra vez, diciendo:

Alma, levántate y acércate,
pues, ¿por qué persigues tú la iglesia de Dios?
Porque el Señor ha dicho:

‘Esta es mi iglesia, y yo la estableceré;
y nada la hará caer sino la transgresión de mi pueblo.’


Mas he aquí, la voz me dijo:

¡Levántate!

Y me levanté y me puse de pie y vi al ángel.


Mas he aquí, el Señor en su gran misericordia envió a su ángel para declararme que debía cesar la obra de destrucción entre su pueblo. Sí, y he visto a un ángel cara a cara, y me habló, y su voz fue como el trueno, y sacudió toda la tierra.

Mosiah 27:14–16, Alma 36:9

El ángel convence a Alma de sus errores y le ordena que deje de realizar actividades dañinas.

Y dijo además el ángel:

“He aquí, el Señor ha oído las oraciones de su pueblo, y también las oraciones de su siervo Alma, que es tu padre; porque él ha orado con mucha fe en cuanto a ti, para que seas traído al conocimiento de la verdad; por tanto, con este fin he venido para convencerte del poder y la autoridad de Dios, para que las oraciones de sus siervos sean contestadas según su fe.

“Y he aquí, ¿puedes ahora disputar el poder de Dios? Pues, he aquí, ¿no hace mi voz temblar la tierra?, ¿y no me ves ante ti? Y soy enviado de Dios.

“Ahora te digo: Ve, y recuerda la cautividad de tus padres en la tierra de Helam y en la tierra de Nefi; y recuerda cuán grandes cosas él ha hecho por ellos; pues estaban en servidumbre, y él los ha libertado.

“Y ahora te digo, Alma, sigue tu camino, y no trates más de destruir la iglesia, para que las oraciones de ellos sean contestadas, aun cuando tú, por ti mismo, quieras ser desechado.”


Y me dijo:

“A menos que tú, por ti mismo, quieras ser destruido, no trates más de destruir la iglesia de Dios.”

Alma 36:11, Mosiah 27:17

El ángel habla a los hijos de Mosíah, luego se va.

Y el ángel me dijo más cosas que mis hermanos oyeron, mas yo no las oí. Porque al oír las palabras...


Y sucedió que estas fueron las últimas palabras que el ángel habló a Alma, y se fue.

Mosiah 27:18–19, Alma 36:11,10

Alma y los hijos de Mosíah están abrumados más allá de toda medida, y Alma está traumatizado al punto de quedar paralizado de todo el cuerpo.

Y luego Alma y los que estaban con él cayeron al suelo otra vez, porque grande fue su asombro; pues con sus propios ojos habían visto a un ángel del Señor; y su voz fue como trueno, que conmovió la tierra; y comprendieron que no había nada, sino el poder de Dios, que pudiera sacudir la tierra y hacerla temblar como si fuera a partirse. Ahora bien, fue tan grande el asombro de Alma que quedó mudo, de modo que no pudo abrir la boca; sí, y quedó tan débil que no pudo mover las manos;


...Porque al oír las palabras —a menos que tú, por ti mismo, quieras ser destruido, no trates más de destruir la iglesia de Dios— me sentí herido de tan grande temor y asombro de que tal vez fuese destruido, que caí al suelo y no oí más.


Y aconteció que caí al suelo; y por el espacio de tres días y tres noches no pude abrir mi boca, ni hacer uso de mis miembros.

Alma 38:8, 36:12–16

Alma, en un estado inconsciente, se atormenta por su conciencia culpable.

Y ocurrió que durante tres días y tres noches me vi en el más amargo dolor y angustia de alma;


Pero me martirizaba un tormento eterno, porque mi alma estaba atribulada en sumo grado, y atormentada por todos mis pecados. Sí, me acordaba de todos mis pecados e iniquidades, por causa de los cuales yo era atormentado con las penas del infierno; sí, veía que me había rebelado contra mi Dios y que no había guardado sus santos mandamientos.

Sí, y había asesinado a muchos de sus hijos, o más bien, los había conducido a la destrucción; sí, y por último, mis iniquidades habían sido tan grandes que el solo pensar en volver a la presencia de mi Dios atormentaba mi alma con indecible horror. ¡Oh si fuera desterrado —pensaba yo— y aniquilado en cuerpo y alma, a fin de no ser llevado para comparecer ante la presencia de mi Dios para ser juzgado por mis obras! Y por tres días y tres noches me vi atormentado, sí, con las penas de un alma condenada.

Mosiah 27:19–20

Los hijos de Mosíah llevan a Alma a su padre.

...por tanto, lo alzaron los que estaban con él, y lo llevaron inerte, sí, hasta dejarlo tendido ante su padre. Y repitieron a su padre todo lo que les había sucedido; y su padre se regocijó, porque sabía que era el poder de Dios.

Mosiah 27:21–22

El padre de Alma coordina un esfuerzo para que la iglesia ayune y ore en nombre de Alma.

E hizo que se reuniera una multitud para que presenciaran lo que el Señor había hecho por su hijo, y también por los que estaban con él. E hizo que se reunieran los sacerdotes; y empezaron a ayunar y a rogar al Señor su Dios que abriera la boca de Alma para que pudiera hablar, y también para que sus miembros recibieran su fuerza, a fin de que los ojos del pueblo fueran abiertos para ver y conocer la bondad y gloria de Dios.

Alma 36:17–22, 38:8

Alma invoca a Jesús para aliviar su sufrimiento, y su oración es respondida.

Y aconteció que mientras así me agobiaba este tormento, mientras me atribulaba el recuerdo de mis muchos pecados, he aquí, también me acordé de haber oído a mi padre profetizar al pueblo concerniente a la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo. Y al concentrarse mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón:

¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí que estoy en la hiel de amargura, y ceñido con las eternas cadenas de la muerte!

Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados. Y, ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor.

Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan intensa y dulce como lo fue mi gozo. Sí, me pareció ver —así como nuestro padre Lehi vio— a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles en actitud de estar cantando y alabando a su Dios; sí, y mi alma anheló estar allí.


...y no fue sino hasta que imploré misericordia al Señor Jesucristo que recibí la remisión de mis pecados. Pero he aquí, clamé a él y hallé paz para mi alma.

Mosiah 27:23–31, Alma 36:23

Alma se levanta y le cuenta a la gente de la iglesia sobre su arrepentimiento y conversión.

Y aconteció que después que hubieron ayunado y orado por el espacio de dos días y dos noches, los miembros de Alma recobraron su fuerza, y se puso de pie y comenzó a hablarles, diciéndoles que se animaran; porque, dijo él,

me he arrepentido de mis pecados, y el Señor me ha redimido; he aquí, he nacido del Espíritu. Y el Señor me dijo:

‘No te maravilles de que todo el género humano, sí, hombres y mujeres, toda nación, tribu, lengua y pueblo, deban nacer otra vez; sí, nacer de Dios, ser cambiados de su estado carnal y caído, a un estado de rectitud, siendo redimidos por Dios, convirtiéndose en sus hijos e hijas; y así llegan a ser nuevas criaturas; y a menos que hagan esto, de ningún modo pueden heredar el reino de Dios.’

Os digo que de no ser así, deberán ser desechados; y esto lo sé, porque yo estaba a punto de ser desechado. No obstante, después de pasar mucha tribulación, arrepintiéndome casi hasta la muerte, el Señor en su misericordia ha tenido a bien arrebatarme de un fuego eterno, y he nacido de Dios.

Mi alma ha sido redimida
de la hiel de amargura,
y de los lazos de iniquidad.

Me hallaba en el más tenebroso abismo;

mas ahora veo la maravillosa luz de Dios.

Atormentaba mi alma un suplicio eterno;
mas he sido rescatado,
y mi alma no siente más dolor.

Rechacé a mi Redentor, y negué lo que nuestros padres habían declarado; mas ahora, para que prevean que él vendrá, y que se acuerda de toda criatura que ha creado, él se manifestará a todos. Sí,

toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará ante él.

Sí, en el postrer día, cuando todos los hombres se presenten para ser juzgados por él, entonces confesarán que él es Dios; y los que vivan sin Dios en el mundo entonces confesarán que el juicio de un castigo eterno sobre ellos es justo; y se estremecerán y temblarán, y se encogerán bajo la mirada de su ojo que todo lo penetra.


Mas he aquí, mis miembros recobraron su fuerza, y me puse de pie, y manifesté al pueblo que había nacido de Dios.