...y he vivido hasta ver su muerte; y su hijo Benjamín reina en su lugar.
Y he aquí, he visto una guerra seria en los días del rey Benjamín, y mucho derramamiento de sangre entre nefitas y lamanitas. Mas he aquí, que los nefitas los superaron en gran manera; sí, a tal grado que el rey Benjamín arrojó a los lamanitas de la tierra de Zarahemla.
Y ahora bien, en cuanto a este rey Benjamín, él tuvo algunas contiendas entre su propio pueblo. Y sucedió también que los ejércitos de los lamanitas descendieron de la tierra de Nefi para pelear contra su pueblo.
Mas he aquí, el rey Benjamín reunió a sus ejércitos y les hizo frente; y luchó con la fuerza de su propio brazo, con la espada de Labán. Y con la fuerza del Señor pugnaron contra sus enemigos, hasta que hubieron matado a muchos miles de los lamanitas. Y sucedió que contendieron contra los lamanitas hasta que los hubieron echado fuera de las tierras de su herencia.
Y entonces no hubo más contiendas en toda la tierra de Zarahemla, entre todo el pueblo que pertenecía al rey Benjamín, de modo que el rey Benjamín gozó de una paz continua todo el resto de sus días.
Y aconteció que empecé a envejecer; y no teniendo descendencia, y sabiendo que el rey Benjamín es un varón justo ante el Señor, le entregaré, por tanto, estas planchas, exhortando a todos los hombres a que vengan a Dios, el Santo de Israel, y crean en la profecía y en revelaciones y en la ministración de ángeles, en el don de hablar en lenguas, en el don de interpretación de lenguas, y en todas las cosas que son buenas; porque nada hay, que sea bueno, que no venga del Señor; y lo que es malo viene del diablo.
Y ahora bien, mis amados hermanos, quisiera que vinieseis a Cristo, el cual es el Santo de Israel, y participaseis de su salvación y del poder de su redención. Sí, venid a él y ofrecedle vuestras almas enteras como ofrenda, y continuad ayunando y orando, y perseverad hasta el fin; y así como vive el Señor, seréis salvos.
Y estoy para descender a mi sepultura; y estas planchas están llenas. Y doy fin a mi narración.
Por lo que, aconteció que después que Amalekí hubo entregado estas planchas en manos del rey Benjamín, este las tomó y las puso con las otras planchas que contenían anales que los reyes habían transmitido de generación en generación, hasta los días del rey Benjamín.
Y ocurrió que después de haber habido falsos Cristos, y de haber sido cerradas sus bocas, y ellos castigados según sus delitos; y después de haber habido falsos profetas y falsos predicadores y maestros entre el pueblo, y después de haber sido castigados todos estos según sus delitos; y después de haber habido mucha contención y muchas deserciones a los lamanitas, he aquí, sucedió que el rey Benjamín, con la ayuda de los santos profetas que había entre su pueblo —pues he aquí, el rey Benjamín era un hombre santo y reinaba sobre su pueblo con justicia; y había muchos santos hombres en el país, y declaraban la palabra de Dios con poder y con autoridad; y ejercían mucha severidad a causa de la obstinación del pueblo— así pues, con la ayuda de estos, trabajando con todas las fuerzas de su cuerpo y las facultades de su alma entera, y lo mismo los profetas, el rey Benjamín nuevamente estableció la paz en el país.
Y aconteció que tenía tres hijos; y les puso por nombre Mosíah, Helorum y Helamán. E hizo que fueran instruidos en todo el idioma de sus padres, a fin de que así llegaran a ser hombres de entendimiento; y que supiesen concerniente a las profecías que habían sido declaradas por boca de sus padres, las cuales les fueron entregadas por la mano del Señor.
Y también los instruyó con respecto a los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce, diciendo:
Y muchas cosas más enseñó el rey Benjamín a sus hijos, que no están escritas en este libro.
Y aconteció que después que el rey Benjamín hubo acabado de enseñar a sus hijos, envejeció, y vio que muy pronto debía ir por el camino de toda la tierra; por tanto, le pareció oportuno conferir el reino a uno de sus hijos. De modo que mandó traer a Mosíah a su presencia; y estas son las palabras que le habló, diciendo: [quote]4becc780333ff
Y sucedió que después que el rey Benjamín hubo acabado de hablar estas palabras a su hijo, le encargó todos los asuntos del reino.
Y además, le encargó los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce; y también las planchas de Nefi; y también la espada de Labán y la esfera o director que condujo a nuestros padres por el desierto, la cual la mano del Señor preparó para que por ese medio fuesen dirigidos, cada cual según la atención y diligencia que a él le daban.
Y aconteció, pues, que Mosíah fue e hizo lo que su padre le había mandado, y proclamó a toda la gente que se hallaba en la tierra de Zarahemla, para que así se reuniera, a fin de subir hasta el templo para oír las palabras que su padre les hablaría.
Y sucedió que después que Mosíah hubo hecho lo que su padre le había mandado, y hubo proclamado por toda la tierra, el pueblo se congregó de todas partes, a fin de subir hasta el templo para oír las palabras que el rey Benjamín les iba a hablar. Y hubo un número muy crecido, sí, tantos así que no los contaron; porque se habían multiplicado extremadamente, y se habían hecho grandes en el país.
Y también llevaron de las primicias de sus rebaños, para que ofrecieran sacrificios y holocaustos según la ley de Moisés; y también para que dieran gracias al Señor su Dios, que los había sacado de la tierra de Jerusalén, y los había librado de las manos de sus enemigos, y les había designado hombres justos como maestros, y también a un hombre justo para ser su rey, el cual había establecido la paz en la tierra de Zarahemla, y les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios, a fin de que se regocijaran y estuvieran llenos de amor para con Dios y todos los hombres.
Y aconteció que, cuando llegaron al templo, plantaron sus tiendas en los alrededores, cada hombre según su familia, que se componía de su esposa, y sus hijos y sus hijas, y los hijos e hijas de estos, desde el mayor hasta el menor, cada familia separada la una de la otra.
Y plantaron sus tiendas alrededor del templo, cada hombre con la puerta de su tienda dando hacia el templo, para que así se quedaran en sus tiendas y oyeran las palabras que el rey Benjamín les iba a hablar; porque tan grande era la multitud, que el rey Benjamín no podía enseñarles a todos dentro de los muros del templo; de modo que hizo construir una torre, para que por ese medio su pueblo oyera las palabras que él les iba a hablar.
Y aconteció que empezó a hablar a su pueblo desde la torre; y no todos podían oír sus palabras, a causa de lo inmenso de la multitud; por tanto, mandó que las palabras que él hablase fuesen escritas y enviadas a aquellos que se hallaban fuera del alcance de su voz, para que también estos recibiesen sus palabras.
Y ahora bien, el rey Benjamín consideró prudente, después de haber acabado de hablar al pueblo, tomar los nombres de todos los que habían hecho convenio con Dios de guardar sus mandamientos. Y sucedió que no hubo ni un alma, salvo los niños pequeños, que no hubiese hecho convenio y tomado sobre sí el nombre de Cristo.