Y aconteció que había muchos de los de la nueva generación que no pudieron entender las palabras del rey Benjamín, pues eran niños pequeños en la ocasión en que él habló a su pueblo; y no creían en la tradición de sus padres. No creían lo que se había dicho tocante a la resurrección de los muertos, ni tampoco creían lo concerniente a la venida de Cristo. Así que, por motivo de su incredulidad no podían entender la palabra de Dios; y se endurecieron sus corazones. Y no quisieron bautizarse ni tampoco unirse a la iglesia. Y constituyeron un pueblo separado en cuanto a su fe, y así quedaron desde entonces, en su estado carnal e inicuo, porque no querían invocar al Señor su Dios.
Ahora bien, durante el reinado de Mosíah, sus números no eran ni la mitad de los del pueblo de Dios; mas por causa de las disensiones entre los hermanos, se hicieron más numerosos. Porque sucedió que con sus palabras lisonjeras engañaron a muchos que eran de la iglesia, y les hicieron cometer muchos pecados; de modo que se hizo necesario que cuando aquellos que fueran de la iglesia cometieran pecado, esta debía amonestarlos. Y aconteció que fueron llevados ante los sacerdotes, y los maestros los entregaron a los sacerdotes; y estos los llevaron ante Alma, que era el sumo sacerdote.
Y aconteció que Alma no sabía nada de ellos; pero había muchos testigos en contra de ellos; sí, la gente se presentaba y testificaba de su iniquidad en abundancia.
Tal cosa no había sucedido en la iglesia previamente; por tanto, Alma se turbó en su espíritu, e hizo que fueran llevados ante el rey. Y le dijo al rey: He aquí el gran número que hemos traído ante ti, a quienes sus hermanos acusan; sí, y han sido sorprendidos en diversas iniquidades. Y no se arrepienten de sus maldades; por tanto, los hemos traído ante ti para que tú los juzgues según sus delitos.
Mas el rey Mosíah dijo a Alma:
He aquí, yo no los juzgo; por tanto, los entrego en tus manos para ser juzgados.
Y el espíritu de Alma nuevamente se turbó; y fue y preguntó al Señor qué debía hacer en cuanto a ese asunto, porque temía hacer lo malo a la vista de Dios. Y sucedió que después que hubo derramado su alma entera a Dios, la voz del Señor vino a él, diciendo:
La voz del Señor vino a él, diciendo: [quote]4becc780380c8
Y aconteció que cuando Alma hubo oído estas palabras, las escribió para conservarlas, y para juzgar al pueblo de la iglesia según los mandamientos de Dios.
Y aconteció que Alma fue y, de acuerdo con la palabra del Señor, juzgó a los que habían sido sorprendidos en la iniquidad. Y a quienes se arrepintieron de sus pecados, y los confesaron, él los contó entre el pueblo de la iglesia; y los que no quisieron confesar sus pecados, ni arrepentirse de su iniquidad, tales no fueron contados entre el pueblo de la iglesia; y sus nombres fueron borrados.
Y sucedió que Alma reguló todos los asuntos de la iglesia; y empezaron nuevamente a tener paz y a prosperar grandemente en los asuntos de la iglesia, andando con circunspección ante Dios, admitiendo a muchos y bautizando a muchos. Y todas estas cosas hicieron Alma y sus consiervos que dirigían la iglesia, andando con toda diligencia, enseñando la palabra de Dios en todas las cosas, padeciendo toda clase de aflicciones y sufriendo persecuciones de todos aquellos que no pertenecían a la iglesia de Dios.
Y amonestaban a sus hermanos, y también recibían amonestación, cada uno por la palabra de Dios, de acuerdo con sus pecados, o sea, los pecados que había cometido, habiéndoles mandado Dios que oraran sin cesar y dieran gracias en todas las cosas.
Y sucedió que las persecuciones que los incrédulos infligían sobre la iglesia llegaron a ser tan graves que los de la iglesia empezaron a murmurar y a quejarse a los que los dirigían concerniente al asunto; y ellos se quejaron a Alma. Y Alma presentó el caso ante el rey de ellos, Mosíah, y este consultó con sus sacerdotes.
Y aconteció que el rey Mosíah envió una proclamación por todo el país de que ningún incrédulo debía perseguir a persona alguna que perteneciera a la iglesia de Dios. Y se estableció un estricto mandamiento entre todas las iglesias de que no debía haber persecuciones entre ellos; que debía haber igualdad entre todos los hombres; que no permitieran que el orgullo ni la soberbia alteraran su paz; que todo hombre estimara a su prójimo como a sí mismo, trabajando con sus propias manos para su sostén. Sí, y todos sus sacerdotes y maestros debían trabajar con sus propias manos para su sostén en todos los casos, salvo en los de enfermedad o de gran necesidad; y haciendo estas cosas, abundaron en la gracia de Dios.
Y otra vez empezó a haber mucha paz en el país; y la gente comenzó a ser muy numerosa y a esparcirse sobre la superficie de la tierra, sí, hacia el norte y hacia el sur, al este y al oeste, edificando grandes ciudades y aldeas en todas partes de la tierra. Y el Señor los visitó y los hizo prosperar, y llegaron a ser un pueblo numeroso y rico.