Mosiah 27:2–5

Y aconteció que el rey Mosíah envió una proclamación por todo el país de que ningún incrédulo debía perseguir a persona alguna que perteneciera a la iglesia de Dios. Y se estableció un estricto mandamiento entre todas las iglesias de que no debía haber persecuciones entre ellos; que debía haber igualdad entre todos los hombres; que no permitieran que el orgullo ni la soberbia alteraran su paz; que todo hombre estimara a su prójimo como a sí mismo, trabajando con sus propias manos para su sostén. Sí, y todos sus sacerdotes y maestros debían trabajar con sus propias manos para su sostén en todos los casos, salvo en los de enfermedad o de gran necesidad; y haciendo estas cosas, abundaron en la gracia de Dios.

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