Y además, les mandó que los sacerdotes, a quienes él había ordenado, trabajaran con sus propias manos para su sostén. Y los sacerdotes no habían de depender del pueblo para su sostén; sino que por su obra habían de recibir la gracia de Dios, a fin de fortalecerse en el Espíritu, teniendo el conocimiento de Dios, para enseñar con poder y autoridad de Dios.