Alma y sus seguidores

Traslado a Helam

Mosiah 18:34, 23:1

Alma es consciente de las tropas que Noé envió para encontrarlo; él informa a su gente.

Y aconteció que Alma y el pueblo del Señor se enteraron de la venida del ejército del rey; por tanto, tomaron sus tiendas y sus familias, y partieron para el desierto...


Ahora bien, Alma, habiendo sido advertido por el Señor de que las tropas del rey Noé caerían sobre ellos, y habiéndolo hecho saber a su pueblo, por tanto, reunieron sus rebaños, y tomaron de su grano, y salieron para el desierto, seguidos por las tropas del rey Noé.

Mosiah 18:34–35, 23:1

Alma y su pueblo dejan el lugar de Mormón.

...por tanto, tomaron sus tiendas y sus familias, y partieron para el desierto. Y eran en número unas cuatrocientas cincuenta almas.


...por tanto, reunieron sus rebaños, y tomaron de su grano, y salieron para el desierto, seguidos por las tropas del rey Noé.

Mosiah 23:2–3

En la fortaleza del Señor, ellos viajan durante ocho días.

Y el Señor los fortaleció, de modo que la gente del rey Noé no pudo alcanzarlos para destruirlos. Y por el espacio de ocho días huyeron en el desierto.

Mosiah 23:4–5

Llegan a una tierra agradable y comienzan a establecerse en ella.

Y llegaron a una tierra, sí, una tierra muy hermosa y placentera, una tierra de aguas puras. Y plantaron sus tiendas, y empezaron a labrar la tierra y comenzaron a construir edificios; sí, eran industriosos y trabajaron mucho.

Mosiah 23:6

Alma es escogido por su pueblo para ser el rey de la tierra.

Y la gente deseaba que Alma fuera su rey, porque su pueblo lo amaba.

Mosiah 23:7–15

Alma rechaza la oferta y recuerda a la gente el peligro que representan los reyes, citando a Noé como ejemplo.

Mas él les dijo:

He aquí, no es prudente que tengamos rey; porque así dice el Señor:

“No estimaréis a una carne más que a otra,
ni un hombre se considerará mejor que otro;

os digo pues, no conviene que tengáis rey.

Sin embargo, si fuera posible que siempre tuvieseis hombres justos por reyes, bien os sería tener rey. Mas recordad la iniquidad del rey Noé y sus sacerdotes; y yo mismo caí en la trampa e hice muchas cosas abominables a la vista del Señor, lo que me ocasionó angustioso arrepentimiento; no obstante, después de mucha tribulación, el Señor oyó mi clamor y contestó mis oraciones, y me ha hecho instrumento en sus manos para traer a tantos de vosotros al conocimiento de su verdad. Sin embargo, en esto no me glorío, porque soy indigno de gloriarme. Y ahora os digo, el rey Noé os ha oprimido, y habéis sido esclavos de él y de sus sacerdotes, y ellos os han conducido a la iniquidad; por tanto, fuisteis atados con las cadenas de la iniquidad. Y ahora bien, ya que habéis sido librados de estas ligaduras por el poder de Dios, sí, de las manos del rey Noé y su pueblo, y también de las ligaduras de la iniquidad, así deseo que os mantengáis firmes en esta libertad con que habéis sido libertados, y que no confiéis en ningún hombre para que sea rey sobre vosotros. Ni confiéis en nadie para que sea vuestro maestro ni vuestro ministro, a menos que sea un hombre de Dios, que ande en sus vías y guarde sus mandamientos.

Así instruyó Alma a su pueblo, a fin de que cada uno amara a su prójimo como a sí mismo, para que no hubiese contención entre ellos.

Mosiah 23:16–18

Alma se convierte en el sumo sacerdote en cambio, y cuida de la iglesia con atención.

Y Alma era su sumo sacerdote, por ser el fundador de su iglesia. Y sucedió que nadie recibía autoridad para predicar ni para enseñar, sino de Dios, por medio de Alma. Por tanto, él consagraba a todos los sacerdotes y a todos los maestros de ellos; y nadie era consagrado a menos que fuera hombre justo. Por tanto, velaban por su pueblo, y lo sustentaban con cosas pertenecientes a la rectitud.

Mosiah 23:19–20

Ellos llaman a su nuevo hogar ”Helam,” y su nueva comunidad prospera.

Y ocurrió que empezaron a prosperar grandemente en la tierra; y la llamaron la tierra de Helam. Y aconteció que se multiplicaron y prosperaron en sumo grado en la tierra de Helam; y edificaron una ciudad a la que llamaron la ciudad de Helam.

Mosiah 23:21–24

Se presagian duras pruebas y aflicciones.

Con todo, el Señor considera conveniente disciplinar a su pueblo; sí, él prueba su paciencia y su fe. Sin embargo, quien pone su confianza en él será enaltecido en el postrer día. Sí, y así fue con este pueblo.

Porque he aquí, os mostraré que fueron reducidos a la servidumbre, y nadie podía librarlos sino el Señor su Dios, sí, el Dios de Abraham e Isaac y Jacob. Y sucedió que los libró, y les manifestó su gran poder; y grande fue el gozo de ellos.