Volvemos ahora, en nuestros anales, a Amalickíah y a los que huyeron con él al desierto; pues he aquí, él había tomado a los que lo habían seguido, y se fue a la tierra de Nefi entre los lamanitas, e incitó a los lamanitas a la ira contra el pueblo de Nefi, al grado de que el rey de los lamanitas expidió una proclamación por toda su tierra, entre todo su pueblo, de que se juntasen otra vez para ir a la lucha contra los nefitas.
Y ocurrió que después que se hubo circulado la proclamación entre ellos, tuvieron gran temor; sí, temían disgustar al rey, y también temían ir a la lucha contra los nefitas, no fuera que les costara la vida. Y sucedió que no quisieron, o sea, la mayor parte de ellos no quiso obedecer las órdenes del rey.
...al sitio que se llamaba Onida, porque allí habían huido todos los lamanitas; pues habían descubierto que el ejército se acercaba, y pensando que iba para destruirlos, huyeron, por tanto, a Onida, al lugar de las armas. Y habían nombrado a un hombre como rey y caudillo sobre ellos, habiendo fijado en sus mentes una firme resolución de que no los obligarían a ir contra los nefitas. Y sucedió que se habían reunido en la cima de la montaña que se llamaba Antipas, en preparación para la batalla.
Y luego aconteció que el rey se encolerizó por motivo de su desobediencia; por tanto, dio a Amalickíah el mando de la parte de su ejército que fue obediente a sus órdenes, y le mandó que fuera y los obligara a tomar las armas.
Y he aquí, esto era lo que Amalickíah deseaba; pues siendo un hombre muy hábil para lo malo, ideó en su corazón un plan para destronar al rey de los lamanitas.
Y ahora bien, había logrado el mando de esas partes de los lamanitas que estaban a favor del rey, y buscó granjearse la voluntad de aquellos que no eran obedientes; de modo que avanzó al sitio que se llamaba Onida, porque allí habían huido todos los lamanitas; ...
Y he aquí, hizo que su ejército plantara sus tiendas en el valle que se encontraba cerca del monte Antipas.
Mas no era la intención de Amalickíah entrar en batalla con ellos de acuerdo con las órdenes del rey; sino que, he aquí, su designio era granjearse la buena voluntad de los ejércitos de los lamanitas, a fin de colocarse a la cabeza de ellos, y destronar al rey y apoderarse del reino.
Y aconteció que al llegar la noche envió una embajada secreta al monte Antipas, pidiendo al jefe de los que se hallaban sobre el monte, cuyo nombre era Lehonti, que bajara al pie de la montaña porque deseaba hablar con él.
Y sucedió que cuando Lehonti recibió el mensaje, no se atrevió a bajar al pie de la montaña. Y ocurrió que Amalickíah le envió una segunda comunicación, solicitando que bajara. Y acaeció que Lehonti no quiso bajar; y Amalickíah envió por tercera vez.
Y aconteció que cuando vio que no podía conseguir que Lehonti bajara de la montaña, Amalickíah ascendió al monte casi hasta el campo de Lehonti; y envió por cuarta vez su comunicación a Lehonti, pidiéndole que bajara y que llevara a sus guardias consigo.
Y sucedió que cuando Lehonti hubo descendido con sus guardias hasta donde estaba Amalickíah, este le propuso que bajara con su ejército durante la noche, y cercara en sus campamentos a aquellos sobre quienes el rey le había dado el mando, y que los entregaría en manos de Lehonti, si este lo nombraba a él (Amalickíah) jefe segundo de todo el ejército.
Y ocurrió que Lehonti bajó con sus hombres y cercaron a los hombres de Amalickíah; de modo que antes de despertar, al romper el día, estaban rodeados por los ejércitos de Lehonti.
Y aconteció que cuando se vieron cercados, le suplicaron a Amalickíah que les permitiera unirse a sus hermanos para que no fuesen destruidos. Y esto era precisamente lo que Amalickíah deseaba.
Y acaeció que entregó a sus hombres, contrario a las órdenes del rey. Y esto era lo que procuraba Amalickíah, para realizar su proyecto de destronar al rey.
Ahora bien, era costumbre de los lamanitas, si mataban a su caudillo principal, nombrar al jefe segundo en su lugar. Y sucedió que Amalickíah hizo que uno de sus siervos administrase veneno a Lehonti, poco a poco, hasta que murió.
Y cuando murió Lehonti, los lamanitas nombraron a Amalickíah como su jefe y comandante general.