Alma 19:22–24

Y uno de ellos, cuyo hermano había caído por la espada de Ammón, enojado en extremo con este, sacó su espada y avanzó para dejarla caer sobre Ammón, a fin de matarlo; y al levantar la espada para herirlo, he aquí, cayó muerto.

Así vemos que a Ammón no se le podía matar, porque el Señor había dicho a Mosíah, su padre: Lo protegeré, y será hecho con él según tu fe; por tanto, Mosíah lo encomendó al Señor.

Y sucedió que cuando la multitud vio que el hombre que levantó la espada para matar a Ammón había caído muerto, el terror se apoderó de ellos, y no se atrevieron a extender la mano para tocarlo, ni a ninguno de aquellos que habían caído; y empezaron a maravillarse nuevamente entre sí acerca de cuál sería la causa de ese gran poder, o qué significarían todas aquellas cosas.

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