La misión de los Hijos de Mosiah con los Lamanitas

Salida y Separación

Alma 17:5–8

Los hijos de Mosíah abandonan Zarahemla y viajan a través del desierto hacia la Tierra de Nefi, donde viven los Lamanitas.

Y estas son las circunstancias que los acompañaron en sus viajes, pues pasaron muchas aflicciones; padecieron mucho, tanto corporal como mentalmente, tal como hambre, sed, fatiga y también se esforzaron mucho en el espíritu. Ahora bien, estos fueron sus viajes: Se despidieron de su padre Mosíah en el primer año de los jueces, después de haber rehusado el reino que su padre deseaba conferirles, y que también era la voluntad del pueblo; no obstante, partieron de la tierra de Zarahemla, y llevaron sus espadas, y sus lanzas, sus arcos, sus flechas y sus hondas; e hicieron esto para proveerse de alimento mientras estuvieran en el desierto. Y así partieron para el desierto, con su grupo que habían escogido, para subir a la tierra de Nefi a predicar la palabra de Dios a los lamanitas.

Alma 17:9–12

Los misioneros se preparan espiritualmente y son asegurados por el Señor que serán efectivos.

Y sucedió que viajaron muchos días por el desierto, y ayunaron y oraron mucho para que el Señor concediera que una porción de su Espíritu los acompañase y estuviese con ellos, a fin de que fuesen un instrumento en las manos de Dios para llevar a sus hermanos, los lamanitas, si posible fuese, al conocimiento de la verdad, al conocimiento de la depravación de las tradiciones de sus padres, las cuales no eran correctas.

Y sucedió que el Señor los visitó con su Espíritu, y les dijo:

Sed consolados;

y fueron consolados. Y les dijo también el Señor:

Id entre los lamanitas, vuestros hermanos, y estableced mi palabra; empero seréis pacientes en las congojas y aflicciones, para que les deis buenos ejemplos en mí; y os haré instrumentos en mis manos, para la salvación de muchas almas.

Y aconteció que se animaron los corazones de los hijos de Mosíah, así como los que estaban con ellos, para ir a los lamanitas a declararles la palabra de Dios.

Alma 17:14–16

Los misioneros quieren llevar a los lamanitas al arrepentimiento.

Y ciertamente era grande, porque habían emprendido la predicación de la palabra de Dios a un pueblo salvaje, empedernido y feroz; un pueblo que se deleitaba en asesinar a los nefitas, y en robarles y despojarlos; y tenían el corazón puesto en las riquezas, o sea, en el oro, y la plata y las piedras preciosas; sí, además, procuraban posesionarse de estas cosas asesinando y despojando, para no tener que trabajar por ellas con sus propias manos. De modo que eran un pueblo muy indolente; muchos de ellos adoraban ídolos, y la maldición de Dios había caído sobre ellos a causa de las tradiciones de sus padres; sin embargo, las promesas del Señor se extendían a ellos mediante las condiciones del arrepentimiento. Por esta causa, pues, fue que los hijos de Mosíah habían emprendido la obra, para que quizá los condujeran al arrepentimiento; para que tal vez los trajeran al conocimiento del plan de redención.

Alma 17:13, 17

Los misioneros, hijos de Mosíah, llegan a las fronteras de los lamanitas, donde se separan y siguen sus propios caminos.

Y sucedió que cuando hubieron llegado a las fronteras de la tierra de los lamanitas, se separaron unos de otros, confiando en el Señor en que se volverían a reunir al fin de su cosecha; porque creían que la obra que habían emprendido era grande.


De manera que se separaron unos de otros, y fueron entre ellos, cada uno a solas, según la palabra y poder de Dios que le era concedido.