Nefi cita a Isaías

Asiria es el instrumento de Dios

2 Nephi 20:5–11

Dios mandó a Asiria que saqueara Jerusalén, pero no que la exterminara; Asiria, alardeando, tiene su propia agenda para dominar el mundo.

¡Oh asirio, la vara de mi ira,
y el báculo en su mano es su indignación!

Lo enviaré contra una nación hipócrita,
y contra el pueblo de mi ira le encargaré que se lleve los despojos,
y arrebate la presa,
y los pise como el lodo de las calles.

Aunque no es tal su designio,
ni en su corazón lo piensa así;

en su corazón solo está el destruir y exterminar naciones no pocas.

Pues dice:

¿No son reyes todos mis príncipes?
¿No es Calno como Carquemis, Hamat como Arfad, y Samaria como Damasco?

Así como mi mano ha fundado los reinos de los ídolos,
y cuyas imágenes grabadas han sobrepujado a las de Jerusalén y a las de Samaria,

¿no haré con Jerusalén y sus ídolos como hice a Samaria y sus ídolos?

2 Nephi 20:12–14

Dios eliminará a Asiria en cuanto se complete la obra de destrucción en Jerusalén.

Por tanto, sucederá que cuando el Señor haya ejecutado su obra completa sobre el monte de Sion y Jerusalén, yo castigaré el fruto del soberbio corazón del rey de Asiria y la gloria de su altiva mirada.

Porque dice:

Mediante el poder de mi mano he hecho estas cosas,
y con mi sabiduría, pues soy prudente;

y he quitado los confines de los pueblos,
y les he saqueado sus tesoros y he derribado, como hombre valiente, a los habitantes;

y mi mano halló, cual nido, las riquezas del pueblo;
y como se recogen los huevos abandonados, así recogí de toda la tierra;

y no hubo quien moviese el ala,
ni abriese la boca, ni piase.

2 Nephi 20:15–19

Las herramientas no tienen de qué jactarse a sus usuarios; los orgullosos serán malditos.

¿Se jactará el hacha contra aquel que con ella corta?
¿Se exaltará la sierra contra el que la mueve?

¡Como si se enalteciese la vara contra aquel que la levanta,
o se engrandeciese el bastón como si no fuera palo!

Por tanto, el Señor, el Señor de los Ejércitos,
enviará flaqueza entre sus robustos;
y bajo su gloria encenderá una llama, como llama de fuego.

Y la luz de Israel será por fuego,
y su Santo por llama,
y quemarán y abrasarán en un día sus cardos y espinas;
y consumirán la gloria de su bosque y de su campo fructífero, alma y cuerpo;
y serán como el desfallecimiento de un abanderado.

Y los árboles que queden de su bosque serán en número que un niño podrá contarlos.