Y nos multiplicamos en sumo grado, y nos extendimos sobre la superficie de la tierra, y llegamos a ser sumamente ricos en oro, y en plata y en cosas preciosas, y en finas obras de madera, en edificios, y en mecanismos, y también en hierro y cobre, y en bronce y acero, elaborando todo género de herramientas de varias clases para cultivar la tierra, y armas de guerra, sí, la flecha puntiaguda, y la aljaba, y el dardo, y la jabalina y todo preparativo para la guerra.
Y estando así preparados para hacer frente a los lamanitas, estos no prevalecieron contra nosotros, sino que se cumplió la palabra que el Señor habló a nuestros padres, diciendo:
Según guardéis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra.