La tierra de Nefi

El ministerio de Jarom

Jarom 1–2

Jarom, hijo de Enos, recibe los registros, pero no siente que pueda agregar mucho a los poderosos escritos de sus antepasados.

Ahora bien, he aquí, yo, Jarom, escribo unas pocas palabras de acuerdo con el mandato de mi padre, Enós, para que sea preservada nuestra genealogía. Y como estas planchas son pequeñas, y ya que estas cosas se escriben con el propósito de beneficiar a nuestros hermanos los lamanitas, es preciso, pues, que escriba un poco; pero no escribiré lo de mis profecías ni de mis revelaciones. Pues, ¿qué más podría yo escribir de lo que mis padres han escrito? ¿Acaso no han revelado ellos el plan de salvación? Os digo que sí; y esto me basta.

Jarom 3–4

Algunos nefitas se corrompen, mientras que otros permanecen fieles.

He aquí, conviene que se haga mucho entre este pueblo, a causa de la dureza de sus corazones, y la sordera de sus oídos, y la ceguedad de sus mentes, y la dureza de sus cervices; no obstante, Dios es misericordioso en sumo grado con ellos, y hasta ahora no los ha barrido de la superficie de la tierra.

Y hay muchos entre nosotros que reciben muchas revelaciones, porque no todos son obstinados. Y todos los que no son de dura cerviz, y tienen fe, gozan de comunión con el Santo Espíritu, el cual se manifiesta a los hijos de los hombres según su fe.

Jarom 5–6

La población crece, y las leyes mantienen el orden y la paz.

Y ahora bien, he aquí, habían pasado ya doscientos años, y el pueblo de Nefi se había hecho fuerte en el país. Se esforzaban por guardar la ley de Moisés y santificar el día de reposo ante el Señor. Y no profanaban ni tampoco blasfemaban; y las leyes del país eran sumamente estrictas.

Y estaban esparcidos sobre gran parte de la superficie de la tierra, y los lamanitas también. Y estos eran mucho más numerosos que los nefitas, y se deleitaban en el asesinato y bebían la sangre de animales.

Jarom 7

Los lamanitas ejecutan varios ataques e invasiones, pero los nefitas los repelen.

Y sucedió que muchas veces vinieron a la batalla contra nosotros, los nefitas. Pero nuestros reyes y dirigentes eran grandes hombres en la fe del Señor; y enseñaron a la gente las vías del Señor; por lo tanto, resistimos a los lamanitas y los lanzamos de nuestras tierras, y empezamos a fortificar nuestras ciudades, y los sitios de nuestra herencia, cualesquiera que fuesen.

Jarom 8–9

La prosperidad y el avance tecnológico de los nefitas les dan una ventaja militar sobre los lamanitas.

Y nos multiplicamos en sumo grado, y nos extendimos sobre la superficie de la tierra, y llegamos a ser sumamente ricos en oro, y en plata y en cosas preciosas, y en finas obras de madera, en edificios, y en mecanismos, y también en hierro y cobre, y en bronce y acero, elaborando todo género de herramientas de varias clases para cultivar la tierra, y armas de guerra, sí, la flecha puntiaguda, y la aljaba, y el dardo, y la jabalina y todo preparativo para la guerra.

Y estando así preparados para hacer frente a los lamanitas, estos no prevalecieron contra nosotros, sino que se cumplió la palabra que el Señor habló a nuestros padres, diciendo:

Según guardéis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra.

Jarom 10–13

Los profetas advierten a la gente que cumplan los mandamientos y crean en Cristo, de lo contrario no estarán protegidos de sus enemigos.

Y aconteció que los profetas del Señor amonestaron al pueblo de Nefi, según la palabra de Dios, que si ellos no guardaban los mandamientos, sino que caían en transgresión, serían destruidos de sobre la faz de la tierra. Por tanto, los profetas y los sacerdotes y los maestros trabajaron diligentemente, exhortando con toda longanimidad al pueblo a la diligencia, enseñando la ley de Moisés y el objeto para el cual fue dada, persuadiéndolos a mirar adelante hacia el Mesías y a creer en su venida como si ya se hubiese verificado. Y fue de esta manera como les enseñaron. Y sucedió que por obrar así, evitaron que los del pueblo fuesen destruidos de sobre la faz de la tierra; pues compungieron sus corazones con la palabra, exhortándolos sin cesar a que se arrepintieran. Y aconteció que habían transcurrido doscientos treinta y ocho años en guerras y contiendas y disensiones, durante gran parte del tiempo.

Jarom 14

Jarom registra más información en las planchas históricas.

Y yo, Jarom, no escribo más, porque las planchas son pequeñas. Pero he aquí, hermanos míos, podéis recurrir a las otras planchas de Nefi, pues he aquí, sobre ellas está grabada la historia de nuestras guerras, según los escritos de los reyes, o lo que ellos hicieron escribir.

Jarom 15

Jarom entrega los registros a su hijo Omni.

Y entrego estas planchas en manos de mi hijo Omni, para que se lleven según los mandamientos de mis padres.