[1 Nephi 8:4–35] Llegada al árbol que da frutos dulces

Y aconteció que después de haber orado al Señor, vi un campo grande y espacioso. Y sucedió que vi un árbol cuyo fruto era deseable para hacer a uno feliz. Y aconteció que me adelanté y comí de su fruto; y percibí que era de lo más dulce, superior a todo cuanto yo había probado antes. Sí, y vi que su fruto era blanco, y excedía a toda blancura que yo jamás hubiera visto. Y al comer de su fruto, mi alma se llenó de un gozo inmenso; por lo que deseé que participara también de él mi familia, pues sabía que su fruto era preferible a todos los demás.

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