Moroni finaliza el Libro de Mormón

Las palabras de Moroni para el lector

Moroni 10:1

Moroni escribe a los Lamanitas, 420 años después del nacimiento de Cristo.

Y ahora yo, Moroni, escribo algo según me parezca bien; y escribo a mis hermanos los lamanitas; y quiero que sepan que ya han pasado más de cuatrocientos veinte años desde que se dio la señal de la venida de Cristo.

Moroni 10:3

Moroni pide al lector que recuerde y considere las misericordias del Señor.

He aquí, quisiera exhortaros a que, cuando leáis estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo meditéis en vuestros corazones.

Moroni 10:4–5

Moroni exhorta al lector a preguntar a Dios acerca de la veracidad de estas cosas, explicando que el poder del Espíritu Santo vendrá sobre aquellos que pregunten con un corazón sincero y fe en Cristo.

Y cuando recibáis estas cosas,
quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre,
en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas;
y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo,
él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo;
y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas.

Moroni 10:6–7

No niegues el poder de Dios, sino reconoce a Cristo, y la bondad que emana de él.

Y cualquier cosa que es buena, es justa y verdadera; por lo tanto, nada que sea bueno niega al Cristo, antes bien, reconoce que él existe. Y por el poder del Espíritu Santo podréis saber que él existe; por lo que quisiera exhortaros a que no neguéis el poder de Dios; porque él obra por poder, de acuerdo con la fe de los hijos de los hombres, lo mismo hoy, y mañana, y para siempre.

Moroni 10:8

El espíritu de Dios obra de muchas maneras distintas, trayendo sus dones a la Humanidad para su beneficio.

Y además os exhorto, hermanos míos, a que no neguéis los dones de Dios, porque son muchos, y vienen del mismo Dios. Y hay diversas maneras de administrar estos dones, pero es el mismo Dios que obra todas las cosas en todo; y se dan a los hombres por las manifestaciones del Espíritu de Dios para beneficiarlos.

Moroni 10:9–17

Los dones del Espíritu incluyen la enseñanza, sabiduría, conocimiento, fe, sanación, milagros, profecía, visitaciones angélicas, idiomas e interpretación—todos provienen de Cristo.

Porque he aquí, a uno le es dado por el Espíritu de Dios enseñar la palabra de sabiduría;
y a otro, enseñar la palabra de conocimiento por el mismo Espíritu;
y a otro, una fe sumamente grande;
y a otro, los dones de sanar por el mismo Espíritu;
y además, a otro, obrar poderosos milagros;
y además, a otro, profetizar concerniente a todas las cosas;

y además, a otro, ver ángeles y espíritus ministrantes;
y además, a otro, todo género de lenguas;
y además, a otro, la interpretación de idiomas y diversas clases de lenguas.

Y todos estos dones vienen por el Espíritu de Cristo;
y vienen a todo hombre, respectivamente, de acuerdo con su voluntad.

Moroni 10:18–19

Recuerda que todo don perfecto proviene de Cristo, quien es inmutable y eterno.

Y quisiera exhortaros, mis amados hermanos, a que tengáis presente que toda buena dádiva viene de Cristo.

Y quisiera exhortaros, mis amados hermanos, a que recordéis que él es el mismo ayer, hoy y para siempre,
y que todos estos dones de que he hablado, que son espirituales, jamás cesarán, mientras permanezca el mundo,
sino por la incredulidad de los hijos de los hombres.

Moroni 10:20

La fe, la esperanza y la caridad están entrelazadas.

Por tanto, debe haber fe; y si debe haber fe, también debe haber esperanza; y si debe haber esperanza, debe haber caridad también.

Moroni 10:21

La caridad es absolutamente esencial para la salvación, y por lo tanto la fe y la esperanza también son necesarias.

Y a menos que tengáis caridad, de ningún modo seréis salvos en el reino de Dios; ni seréis salvos en el reino de Dios si no tenéis fe; ni tampoco, si no tenéis esperanza.

Moroni 10:22–23

La falta de esperanza conduce a la desesperación, la cual es contraria a los mandamientos de Cristo.

Y si no tenéis esperanza, os hallaréis en la desesperación;
y la desesperación viene por causa de la iniquidad.

Y Cristo verdaderamente dijo a nuestros padres:

Si tenéis fe, podréis hacer todas las cosas que me sean convenientes.