La predicación y profecías de Nefi

Torre del Jardín de Nefi

Helaman 7:1–3

Nefi regresa a la Tierra de Zarahemla después de su viaje al norte, donde su predicación fue rechazada.

He aquí, aconteció que en el año sesenta y nueve del gobierno de los jueces sobre los nefitas, Nefi, el hijo de Helamán, volvió de la tierra del norte a la tierra de Zarahemla, porque había ido entre los que se hallaban en la tierra del norte, y les predicó la palabra de Dios, y les profetizó muchas cosas; y ellos rechazaron todas sus palabras, de modo que no pudo permanecer entre ellos, y volvió a su país natal.

Helaman 7:4–5

El gobierno en La ciudad de Zarahemla se ha hecho corrupto, y toda la sociedad está decayendo.

Y al ver al pueblo en un estado de tan terrible iniquidad, y que aquellos ladrones de Gadiantón ocupaban los asientos judiciales — habiendo usurpado el poder y la autoridad del país, pasando por alto los mandamientos de Dios y en ningún sentido siendo rectos ante él, negando la justicia a los hijos de los hombres, condenando a los justos por motivo de su rectitud, dejando ir impunes al culpable y al malvado por causa de su dinero; y además de esto, siendo sostenidos en sus puestos, a la cabeza del gobierno, para regir y obrar según su voluntad, a fin de obtener riquezas y la gloria del mundo, y además, para más fácilmente cometer adulterio, y robar, y matar, y obrar según sus propios deseos—

Helaman 7:6–9

Nefi lamenta el estado corrupto de las personas y desea poder haber vivido en los tiempos de los primeros colonos Lehitas.

y esta gran iniquidad había sobrevenido a los nefitas en el espacio de no muchos años; y cuando Nefi vio esto, su corazón se llenó de dolor dentro de su pecho, y exclamó con la angustia de su alma:

¡Oh, si hubiese vivido en los días en que mi padre Nefi primero salió de la tierra de Jerusalén, para haberme regocijado con él en la tierra de promisión! Entonces su pueblo era fácil de tratar, firme en guardar los mandamientos de Dios, y tardo en dejarse llevar a la iniquidad; y era pronto para escuchar las palabras del Señor. Sí, si hubiesen sido aquellos días los míos, entonces mi alma se habría regocijado en la rectitud de mis hermanos. Pero he aquí, es mi comisión que estos sean mis días, y que mi alma sea llena de angustia por la iniquidad de mis hermanos.

Helaman 7:10

Nefi sube a la torre de su jardín y ora.

Y he aquí, esto aconteció en una torre que se hallaba en el jardín de Nefi, jardín que estaba cerca del camino real que conducía al mercado principal que había en la ciudad de Zarahemla; así que Nefi se había arrodillado en esta torre que estaba en su jardín, la cual también se hallaba cerca de la puerta del jardín que daba al camino real.

Helaman 7:11

Mucha gente lo ve orar y una multitud se reúne a su alrededor.

Y sucedió que pasaron ciertos hombres por allí, y vieron a Nefi en la torre mientras derramaba su alma a Dios; y corrieron y dijeron al pueblo lo que habían visto; y vino la gente en multitudes para conocer la causa de tanta lamentación por las maldades del pueblo.

Helaman 7:12–29, 8:3

Al notar la multitud que se ha reunido, Nephi se levanta y abiertamente condena a la gente por sus malos caminos, y les llama al arrepentimiento.

Y cuando se levantó Nefi, vio las multitudes de personas que se habían reunido. Y sucedió que abrió su boca y les dijo:


Porque he aquí, Nefi les había hablado concerniente a la corrupción de su ley; sí, muchas cosas les declaró Nefi que no se pueden escribir; y nada dijo que fuese contrario a los mandamientos de Dios.

Helaman 8:1–2

Algunos oficiales públicos entre la multitud se ofenden y ordenan que Nephi sea arrestado.

Y aconteció que cuando Nefi hubo dicho estas palabras, he aquí, estaban presentes unos hombres que eran jueces, los cuales también pertenecían a la banda secreta de Gadiantón; y se llenaron de ira y gritaron contra él, diciendo al pueblo:

¿Por qué no prendéis a este hombre, y lo lleváis para que sea condenado según el delito que ha cometido? ¿Por qué miráis a este hombre, y lo escucháis vilipendiar a este pueblo y nuestra ley?

Helaman 8:4–6

Los funcionarios corruptos intentan alentar a la multitud y volverla en contra de Nephi.

Y aquellos jueces estaban irritados contra él, porque les habló claramente concerniente a sus obras secretas de tinieblas; sin embargo, no osaron ellos mismos echar mano de él, pues temían que el pueblo clamara contra ellos. Por tanto, gritaron al pueblo, diciendo: ¿Por qué permitís que nos injurie este hombre? Pues, he aquí, él condena a todo este pueblo hasta la destrucción; sí, y también dice que estas grandes ciudades nuestras nos han de ser arrebatadas, de modo que no habrá lugar en ellas para nosotros. Y sabemos que esto es imposible, porque he aquí, somos poderosos, y nuestras ciudades son grandes; por tanto, nuestros enemigos no pueden tener dominio sobre nosotros.

Helaman 8:7–9

Algunas personas entre la multitud defienden a Nephi, y aseguran que él es un profeta que realmente conoce el estado corrupto del pueblo.

Y ocurrió que así incitaron al pueblo a la ira en contra de Nefi, y suscitaron contenciones entre ellos; porque hubo algunos que gritaron: Dejad a este hombre en paz, porque es un hombre bueno y las cosas que él dice ciertamente acontecerán, a menos que nos arrepintamos; sí, he aquí, todos los castigos de que nos ha testificado caerán sobre nosotros; porque sabemos que nos ha testificado con acierto tocante a nuestras iniquidades. Y he aquí, son muchas, y él sabe todas las cosas que nos sobrevendrán tan cierto como conoce nuestras iniquidades; sí, y he aquí, si no hubiese sido profeta, no habría podido testificar concerniente a esas cosas.

Helaman 8:10

Aquellos que intentan oponerse a Nephi se inquietan al ver que Nephi tiene seguidores.

Y sucedió que los que querían destruir a Nefi se contuvieron a causa de su temor, de modo que no le echaron mano. Por tanto, empezó a hablarles de nuevo, viendo que se había granjeado el favor de algunos, a tal grado que los otros tuvieron miedo.

Helaman 8:11–28

Nephi se dirige una vez más a la multitud, recordándoles su herencia y las profecías mesiánicas—luego impacta a la multitud al contarles que su corrupción ha alcanzado los más altos niveles de su gobierno, y que su juez principal ha sido asesinado, y yace muerto en el asiento del juicio.

De modo que se sintió constreñido a hablarles más, diciendo: