Él no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él. Por tanto, a nadie manda él que no participe de su salvación. He aquí, ¿acaso exclama él a alguien, diciendo:
Apártate de mí?
He aquí, os digo que no; antes bien, dice:
Venid a mí, vosotros, todos los extremos de la tierra, comprad leche y miel sin dinero y sin precio.