Y así como una generación ha sido destruida entre los judíos a causa de la iniquidad, de igual manera han sido destruidos de generación en generación, según sus iniquidades; y ninguno de ellos ha sido destruido jamás sin que se lo hayan predicho los profetas del Señor.
Por tanto, les ha sido dicho concerniente a la destrucción que vendría sobre ellos inmediatamente después que saliera mi padre de Jerusalén; sin embargo, endurecieron sus corazones, y conforme a mi profecía, han sido destruidos, salvo aquellos que fueron llevados cautivos a Babilonia.
Y hablo esto a causa del espíritu que está en mí. Y a pesar de que han sido llevados, volverán otra vez y poseerán la tierra de Jerusalén; por tanto, serán nuevamente restaurados a la tierra de su herencia.
Pero he aquí, habrá entre ellos guerras y rumores de guerras; y cuando llegue el día en que el Unigénito del Padre, sí, el Padre del cielo y de la tierra, se manifieste él mismo a ellos en la carne, he aquí, lo rechazarán por causa de sus iniquidades, y la dureza de sus corazones, y lo duro de su cerviz.
He aquí, lo crucificarán; y después de ser puesto en un sepulcro por el espacio de tres días, se levantará de entre los muertos, con sanidad en sus alas; y todos los que crean en su nombre serán salvos en el reino de Dios. Por tanto, mi alma se deleita en profetizar concerniente a él, porque he visto su día, y mi corazón magnifica su santo nombre.
Y he aquí, acontecerá que después que el Mesías haya resucitado de entre los muertos, y se haya manifestado a su pueblo, a cuantos quieran creer en su nombre, he aquí, Jerusalén será destruida otra vez; porque, ¡ay de aquellos que combatan contra Dios y el pueblo de su iglesia!
Por tanto, los judíos serán dispersados entre todas las naciones; sí, y también Babilonia será destruida; por consiguiente, otras naciones dispersarán a los judíos.
Y después que hayan sido dispersados, y el Señor Dios los haya azotado por otros pueblos, por el espacio de muchas generaciones, sí, de generación en generación, hasta que sean persuadidos a creer en Cristo, el Hijo de Dios, y la expiación, que es infinita para todo el género humano; y cuando llegue ese día en que crean en Cristo, y adoren al Padre en su nombre, con corazones puros y manos limpias, y no esperen más a otro Mesías, entonces, en esa época, llegará el día en que sea menester que crean estas cosas.
Y el Señor volverá a extender su mano por segunda vez para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído. Por tanto, él procederá a efectuar una obra maravillosa y un prodigio entre los hijos de los hombres.
Por consiguiente, él les manifestará sus palabras, las cuales los juzgarán en el postrer día, porque les serán dadas con el fin de convencerlos del verdadero Mesías que ellos rechazaron; y para convencerlos de que no deben esperar más a un Mesías que ha de venir, pues no ha de venir otro, salvo que sea un Mesías falso que engañe al pueblo; porque no hay sino un Mesías de quien los profetas han hablado, y ese Mesías es el que los judíos rechazarán.
Pues, según las palabras de los profetas, el Mesías viene seiscientos años a partir de la ocasión en que mi padre salió de Jerusalén; y según las palabras de los profetas, y también la palabra del ángel de Dios, su nombre será Jesucristo, el Hijo de Dios.
Y ahora bien, hermanos míos, he hablado claramente para que no podáis errar; y como vive el Señor Dios, que sacó a Israel de la tierra de Egipto, y dio poder a Moisés para sanar a las naciones después de haber sido mordidas por las serpientes ponzoñosas, si ponían sus ojos en la serpiente que él levantó ante ellas, y también le dio poder para que hiriera la peña y brotara el agua; sí, he aquí os digo que así como estas cosas son verdaderas, y como el Señor Dios vive, no hay otro nombre dado debajo del cielo sino el de este Jesucristo, de quien he hablado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo.
De modo que por esta causa el Señor Dios me ha prometido que estas cosas que escribo serán guardadas, y preservadas y entregadas a los de mi posteridad, de generación en generación, para que se cumpla la promesa hecha a José, que su linaje no perecería jamás, mientras durase la tierra. Por tanto, estas cosas irán de generación en generación mientras dure la tierra; e irán de acuerdo con la voluntad y deseo de Dios; y por ellas serán juzgadas las naciones que las posean, según las palabras que están escritas.
Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos;