Y sucedió que pasó mucho tiempo, y el Señor de la viña dijo a su siervo:
Ven, descendamos a la viña para que podamos trabajar en ella. Y aconteció que el Señor de la viña y también su siervo bajaron a la viña a trabajar; y sucedió que el siervo dijo a su amo: He aquí, mira; contempla el árbol.
Y sucedió que el siervo dijo a su amo:
He aquí, mira; contempla el árbol.
Y ocurrió que el Señor de la viña miró y vio el árbol en el que se habían injertado las ramas del olivo silvestre; y había retoñado y comenzado a dar fruto; y vio que era bueno, y su fruto era semejante al fruto natural.
Y dijo al siervo:
He aquí, las ramas del árbol silvestre han alcanzado la humedad de la raíz, por lo que la raíz ha producido mucha fuerza; y a causa de la mucha fuerza de la raíz, las ramas silvestres han dado fruto cultivado.
Así que, si no hubiéramos injertado estas ramas, el árbol habría perecido. Y he aquí, ahora guardaré mucho fruto que el árbol ha producido; y su fruto lo guardaré para mí mismo, para la estación.
Y sucedió que el Señor de la viña dijo al siervo:
Ven, vamos a la parte más baja de la viña, y veamos si las ramas naturales del árbol no han dado mucho fruto también, a fin de que pueda yo guardar su fruto para la estación, para mí mismo.
Y aconteció que fueron a donde el amo había escondido las ramas naturales del árbol, y dijo al siervo:
“Mira estas;”
y vio que la primera había dado mucho fruto, y también vio que era bueno. Y dijo al siervo:
“Toma de su fruto y guárdalo para la estación, a fin de que yo lo preserve para mí mismo; pues, dijo él, lo he nutrido mucho tiempo, y ha producido fruto abundante.”
Y aconteció que el siervo dijo a su amo:
¿Cómo fue que viniste aquí a plantar este árbol, o esta rama del árbol? Porque he aquí, era el sitio más estéril de todo el terreno de tu viña.
Y le dijo el Señor de la viña:
No me aconsejes. Yo sabía que era un lugar estéril; por eso te dije que lo he nutrido tan largo tiempo, y tú ves que ha dado mucho fruto.
Y aconteció que el Señor de la viña dijo a su siervo: Mira acá, he aquí, he plantado otra rama del árbol también; y tú sabes que esta parte del terreno era peor que la primera. Pero mira el árbol. Lo he nutrido todo este tiempo, y ha producido mucho fruto; por tanto, recógelo y guárdalo para la estación a fin de que yo lo preserve para mí mismo.
Y aconteció que el Señor de la viña dijo otra vez a su siervo:
“Mira acá y ve otra rama que también he plantado; he aquí, también la he nutrido, y ha producido fruto.”
Y dijo al siervo:
“Mira hacia acá y ve la última. He aquí, esta la he plantado en terreno bueno, y la he nutrido todo este tiempo; y solo parte del árbol ha dado fruto cultivado, y la otra parte del árbol ha producido fruto silvestre; he aquí, he nutrido este árbol igual que los otros.”
Y sucedió que el Señor de la viña dijo al siervo:
Arranca las ramas que no han producido fruto bueno y échalas en el fuego.
Mas he aquí, el siervo le dijo:
Podémoslo, y cavemos alrededor de él, y nutrámoslo un poco más, a fin de que tal vez te dé buen fruto, para que lo guardes para la estación.
Y aconteció que el Señor de la viña y su siervo nutrieron todos los árboles frutales de la viña.