¡Despierta, alma mía!
No desfallezcas más en el pecado.
¡Regocíjate, oh corazón mío,
_y no des más lugar al enemigo de mi alma!
No vuelvas a enojarte a causa de mis enemigos.
No debilites mi fuerza por motivo de mis aflicciones.
¡Regocíjate, oh mi corazón,
_y clama al Señor y dile:
Oh Señor, te alabaré para siempre!
Sí, mi alma se regocijará en ti, mi Dios,
_y la roca de mi salvación.