Mosiah 13:2–11

Y avanzaron y trataron de echarle mano; mas él los resistió, y les dijo:

No me toquéis, porque Dios os herirá si me echáis mano, porque no he comunicado el mensaje que el Señor me mandó que diera; ni tampoco os he dicho lo que pedisteis que dijera; por tanto, Dios no permitirá que yo sea destruido en este momento. Mas debo cumplir los mandamientos que Dios me ha mandado; y porque os he dicho la verdad, estáis enojados conmigo. Y más aún, porque he hablado la palabra de Dios, me habéis juzgado de estar loco. Y ahora bien, aconteció que después que Abinadí hubo hablado estas palabras, el pueblo del rey Noé no se atrevió a echarle mano, porque el Espíritu del Señor estaba sobre él, y su rostro resplandecía con un brillo extraordinario, aun como el de Moisés en el monte de Sinaí, mientras hablaba con el Señor. Y habló Abinadí con poder y autoridad de Dios; y continuó sus palabras, diciendo: Vosotros veis que no tenéis poder para matarme; por tanto, concluyo mi mensaje. Sí, y percibo que os hiere hasta el corazón, porque os digo la verdad acerca de vuestras iniquidades. Sí, y mis palabras os llenan de maravilla, de asombro y de cólera. Mas doy fin a mi mensaje; y entonces no importa a dónde vaya, con tal de que yo sea salvo. Mas esto os digo: Lo que hagáis conmigo después de esto, será como símbolo y sombra de cosas venideras.

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