Y aconteció que le dijeron al rey: Tráelo aquí para que lo interroguemos; y el rey mandó que fuese traído ante ellos. Y empezaron a interrogarlo con el fin de confundirlo, para así tener de qué acusarlo; pero él les respondió intrépidamente e hizo frente a todas sus preguntas, sí, los llenó de asombro; pues los resistió en todas sus preguntas y los confundió en todas sus palabras.
Y sucedió que uno de ellos le dijo: ¿Qué significan las palabras que están escritas, y que nuestros padres han enseñado, diciendo:
¡Cuán hermosos sobre las montañas son los pies de aquel que trae buenas nuevas;
que publica la paz;
que trae gratas nuevas del bien;
que publica la salvación;
que dice a Sion: Tu Dios reina;tus centinelas levantarán la voz;
unánimes cantarán, porque verán ojo a ojo
cuando el Señor haga volver a Sion!¡Prorrumpid en alegría!
¡Cantad juntamente lugares desolados de Jerusalén,
porque el Señor ha consolado a su pueblo,
ha redimido a Jerusalén!;el Señor ha desnudado su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
y todos los extremos de la tierra
verán la salvación de nuestro Dios?
Y luego les dijo Abinadí:
¿Sois vosotros sacerdotes, y decís que enseñáis a este pueblo, y que entendéis el espíritu de profecía, y sin embargo, queréis saber de mí lo que estas cosas significan? Yo os digo: ¡Ay de vosotros por pervertir las vías del Señor! Porque si entendéis estas cosas, no las habéis enseñado. Por tanto, habéis pervertido las vías del Señor. No habéis aplicado vuestros corazones para entender; por tanto, no habéis sido sabios.
¿Qué, pues, enseñáis a este pueblo?
Y dijeron:
Enseñamos la ley de Moisés.
Y de nuevo les dijo:
Si enseñáis la ley de Moisés, ¿cómo es que no la cumplís? ¿Por qué entregáis vuestros corazones a las riquezas? ¿Por qué cometéis fornicaciones y disipáis vuestro vigor con rameras, sí, y hacéis que este pueblo cometa pecado, de modo que el Señor tenga motivo para enviarme a profetizar contra este pueblo, sí, aun un gran mal contra este pueblo?
¿No sabéis que hablo la verdad? Sí, sabéis que hablo la verdad, y deberíais temblar ante Dios. Y sucederá que seréis heridos por vuestras iniquidades, pues habéis dicho que enseñáis la ley de Moisés.
Y, ¿qué sabéis concerniente a la ley de Moisés? ¿Viene la salvación por la ley de Moisés? ¿Qué decís vosotros?
Y respondieron y dijeron que la salvación venía por la ley de Moisés. Mas les dijo Abinadí:
Sé que si guardáis los mandamientos de Dios, seréis salvos; sí, si guardáis los mandamientos que el Señor dio a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo:
‘Yo soy el Señor tu Dios,
que te he sacado de la tierra de Egipto,
de la casa de servidumbre.No tendrás otro Dios delante de mí.
No te harás ninguna imagen tallada, ni ninguna semejanza de cosa alguna que esté arriba en el cielo,
ni de cosas que estén abajo en la tierra.’
Y luego les dijo Abinadí:
¿Habéis hecho todo esto? Yo os digo: No; no lo habéis hecho. ¿Y habéis enseñado a este pueblo que debe observar todas estas cosas? Os digo que no; no lo habéis hecho.
Y ahora bien, cuando el rey hubo oído estas palabras, dijo a sus sacerdotes:
“Llevaos a este individuo, y matadlo;
porque, ¿qué tenemos que ver con él? Pues está loco.”
Y avanzaron y trataron de echarle mano; mas él los resistió, y les dijo:
No me toquéis, porque Dios os herirá si me echáis mano, porque no he comunicado el mensaje que el Señor me mandó que diera; ni tampoco os he dicho lo que pedisteis que dijera; por tanto, Dios no permitirá que yo sea destruido en este momento. Mas debo cumplir los mandamientos que Dios me ha mandado; y porque os he dicho la verdad, estáis enojados conmigo. Y más aún, porque he hablado la palabra de Dios, me habéis juzgado de estar loco. Y ahora bien, aconteció que después que Abinadí hubo hablado estas palabras, el pueblo del rey Noé no se atrevió a echarle mano, porque el Espíritu del Señor estaba sobre él, y su rostro resplandecía con un brillo extraordinario, aun como el de Moisés en el monte de Sinaí, mientras hablaba con el Señor. Y habló Abinadí con poder y autoridad de Dios; y continuó sus palabras, diciendo: Vosotros veis que no tenéis poder para matarme; por tanto, concluyo mi mensaje. Sí, y percibo que os hiere hasta el corazón, porque os digo la verdad acerca de vuestras iniquidades. Sí, y mis palabras os llenan de maravilla, de asombro y de cólera. Mas doy fin a mi mensaje; y entonces no importa a dónde vaya, con tal de que yo sea salvo. Mas esto os digo: Lo que hagáis conmigo después de esto, será como símbolo y sombra de cosas venideras.
Y aconteció que cuando Abinadí hubo concluido estas palabras, el rey mandó a los sacerdotes que se lo llevaran e hiciesen que padeciera la muerte.
Pero había entre ellos uno cuyo nombre era Alma, también descendiente de Nefi. Y era un hombre joven, y creyó las palabras que Abinadí había hablado, porque estaba enterado de la iniquidad que Abinadí había declarado contra ellos; por tanto, empezó a interceder con el rey para que no se enojara con Abinadí, sino que le permitiera partir en paz.
Pero el rey se irritó más, e hizo que Alma fuera echado de entre ellos, y envió a sus siervos tras de él para que lo mataran.
Mas él huyó de ellos y se escondió, de modo que no lo hallaron. Y estando escondido muchos días, escribió todas las palabras que Abinadí había hablado.
Y sucedió que el rey mandó a sus guardias que rodearan a Abinadí y se lo llevaran; y lo ataron y lo echaron en la cárcel.