Y sucedió que después que hubo concluido de hablar a los de la iglesia establecida en la ciudad de Zarahemla, Alma ordenó sacerdotes y élderes por la imposición de sus manos, según el orden de Dios, para presidir la iglesia y velar por ella.
Y aconteció que de los que no pertenecían a la iglesia, quienes se arrepentían de sus pecados, eran bautizados para arrepentimiento y recibidos en la iglesia. Y también sucedió que aquellos que eran de la iglesia y que no se arrepintieron de sus iniquidades ni se humillaron ante Dios—me refiero a los que se habían ensalzado en el orgullo de sus corazones— estos fueron desechados, y sus nombres fueron borrados, de modo que no los contaban entre los de los justos.
Y así empezaron a establecer el orden de la iglesia en la ciudad de Zarahemla.