Y sucedió que Alma y Amulek—y Amulek había abandonado todo su oro, su plata y sus objetos preciosos que se hallaban en la tierra de Ammoníah, por la palabra de Dios; y había sido rechazado por los que antes eran sus amigos, y también por su padre y sus parientes. Por tanto, después que Alma hubo establecido la iglesia en Sidom, viendo un gran cambio, sí, viendo que el pueblo había refrenado el orgullo de sus corazones y que había empezado a humillarse ante Dios, y a reunirse en sus santuarios para adorar a Dios ante el altar, velando y orando sin cesar que fuesen librados de Satanás, y de la muerte y de la destrucción—