Y sucedió que obedecí la voz del ángel, y me volví rumbo a mi casa. Y mientras allí me dirigía, encontré al hombre del cual me dijo el ángel:
Lo recibirás en tu casa; y he aquí, era este mismo hombre que os ha estado hablando concerniente a las cosas de Dios.
Y me dijo el ángel que es un hombre santo; por tanto, yo sé que es un hombre santo, porque lo declaró un ángel de Dios.