El ministerio de Alma en Ammoníah

La predicación continua

Alma 8:30–32

Alma y Amulek salen hacia el pueblo, llenos del espíritu.

Y salió Alma, y también Amulek, entre el pueblo para declararle las palabras de Dios; y fueron llenos del Espíritu Santo. Y les fue dado tal poder, que no pudieron ser encerrados en calabozos, ni fue posible que hombre alguno los matara; sin embargo, no ejercieron su poder sino hasta que fueron atados con cuerdas y echados en la cárcel. Y se hizo así para que el Señor manifestara su poder en ellos. Y sucedió que salieron y empezaron a predicar y a profetizar al pueblo, de acuerdo con el espíritu y el poder que el Señor les había dado.

Alma 9:1–3

La gente, pensando que Alma todavía está solo, no se impresiona con su predicación.

Y además, yo, Alma, habiéndome mandado Dios que tomara a Amulek y fuera y predicara de nuevo a este pueblo, o sea, el pueblo que vivía en la ciudad de Ammoníah, sucedió que al empezar yo a predicarles, ellos comenzaron a contender conmigo diciendo: ¿Quién eres tú? ¿Te supones que vamos a creer en el testimonio de un hombre, aunque nos predicara que la tierra iba a dejar de ser? Mas no entendían las palabras que hablaban; pues no sabían que la tierra iba a dejar de ser.

Alma 9:4–5

Dicen que no creerán la palabra de Alma, incluso si él profetizara la destrucción de la ciudad.

Y también dijeron:

“No creeremos en tus palabras, aunque profetices que esta gran ciudad ha de ser destruida en un día.”

Ahora bien, ellos no sabían que Dios podía hacer tan maravillosas obras, porque eran gente de corazón empedernido y dura cerviz.

Alma 9:6

La gente, al parecer sin notar a Amulek, pregunta por qué Dios enviaría solo a un mensajero.

Y dijeron:

¿Quién es Dios,
que no envía a este pueblo más autoridad que la de un hombre
para declararle la verdad de cosas tan grandes y maravillosas?

Alma 9:7–30

La gente intenta herir a Alma, pero él los detiene y les da una charla sobre sus pecados, su herencia y la venida de Cristo.

Y avanzaron para asirme, mas he aquí, no lo hicieron. Y los enfrenté con intrepidez para declararles, sí, les testifiqué osadamente, diciendo:

Alma 9:31–33

El pueblo está furioso con Alma.

Ahora bien, aconteció que cuando yo, Alma, hube hablado estas palabras, he aquí, el pueblo se enojó conmigo porque les dije que eran gente de corazón obstinado y de dura cerviz. Y también se enojaron conmigo porque les dije que eran un pueblo perdido y caído, y trataron de asirme para encarcelarme. Pero sucedió que el Señor no permitió que se apoderaran de mí en esa ocasión y me echaran en la cárcel.

Alma 9:34

Amulek entonces se adelanta y comienza a hablar.

Y aconteció que Amulek se adelantó y empezó a predicarles también. Mas no todas las palabras de Amulek se han escrito; no obstante, parte de ellas se han escrito en este libro.

Alma 10:1–11

Amulek cuenta su historia y sus razones para predicar.

Estas son las palabras que Amulek predicó al pueblo que se hallaba en la tierra de Ammoníah, diciendo:

Alma 10:12–13

La gente está sorprendida al ver que Alma tenía respaldo y no estaba solo.

Ahora bien, cuando Amulek hubo pronunciado estas palabras, el pueblo comenzó a asombrarse, viendo que había más de un testigo que daba testimonio de las cosas de que se les acusaba, y también de las cosas que habían de venir, de acuerdo con el espíritu de profecía que había en ellos.

Sin embargo, hubo algunos entre ellos que pensaron interrogarlos para que por medio de sus astutas tretas pudieran enredarlos con sus propias palabras, a fin de obtener testimonio contra ellos, con objeto de entregarlos a sus jueces para que fueran juzgados de acuerdo con la ley, y fueran ejecutados o encarcelados, según el crimen que pudieran fraguar o atestiguar en contra de ellos.

Alma 10:14–16

Muchas de las personas que se oponen a Alma y a Amulek son abogados, altamente capacitados en las habilidades de interrogatorio.

Ahora bien, estos hombres que buscaban la manera de destruirlos eran abogados que el pueblo empleaba o nombraba para administrar la ley cuando había procesos, o sea, cuando se juzgaban los delitos del pueblo ante los jueces. Y estos abogados estaban versados en todos los artificios y astucia del pueblo; y esto era para habilitarlos a fin de que fueran diestros en su profesión. Y sucedió que empezaron a interrogar a Amulek para así hacer que se contradijera en sus palabras, o impugnar las palabras que hablara.

Alma 10:17–23

Amulek, consciente de las intenciones de los abogados, los reprende a todos y les llama al arrepentimiento.

Ahora bien, no sabían que Amulek podía conocer sus intenciones. Pero ocurrió que al comenzar a interrogarlo, él percibió sus pensamientos, y les dijo: ¡Oh generación malvada y perversa, vosotros, abogados e hipócritas, puesto que estáis poniendo los cimientos del diablo!; porque estáis armando asechanzas y trampas para enredar a los santos de Dios.

Alma 10:24

La gente está ofendida y acusan a Amulek de difamar a los abogados.

Y sucedió que los del pueblo se irritaron aún más contra Amulek, y gritaron, diciendo:

Este hombre vilipendia nuestras leyes, que son justas,
y a nuestros sabios abogados que hemos elegido.

Alma 10:25–27

Amulek responde audazmente señalando su corrupción y los asocia con Satanás.

Pero Amulek extendió su mano y les gritó con mayor fuerza, diciendo:

¡Oh generación malvada y perversa! ¿Por qué habrá asido Satanás tan fuertemente vuestros corazones? ¿Por qué queréis someteros a él para que os domine, para cegar vuestros ojos al grado de no querer entender, de acuerdo con su verdad, las palabras que se hablan? Pues he aquí, ¿he testificado en contra de vuestra ley? Es que no entendéis. Decís que he hablado contra vuestra ley; mas no es así, sino que he hablado a favor de vuestra ley, para vuestra condenación. Y he aquí, os digo que la iniquidad de vuestros abogados y vuestros jueces está empezando a establecer el fundamento de la destrucción de este pueblo.

Alma 10:28–29

La gente, ahora más enojada, acusa a Amulek de traición y deshonestidad.

Y aconteció que cuando Amulek hubo hablado estas palabras, el pueblo gritó en contra de él, diciendo:

“Ahora sabemos que este hombre es hijo del diablo, porque nos ha mentido; pues ha vituperado nuestra ley. Y ahora dice que no ha hablado en contra de ella. Y además, ha vituperado a nuestros abogados y a nuestros jueces.”

Alma 10:30–31

El acusador principal era un abogado hábil llamado Zeezrom.

Y sucedió que los abogados inculcaron en sus corazones que se acordaran de aquellas cosas contra él. Y había entre ellos uno cuyo nombre era Zeezrom. Y era el principal acusador de Amulek y Alma, siendo uno de los más diestros entre ellos, pues tramitaba muchos asuntos entre los del pueblo.

Alma 10:32, 11:20

Un abogado ganaría dinero basado en el número de casos en los que participa; por lo tanto, los abogados provocarían intencionadamente disturbios entre la gente para generar más casos judiciales.

Ahora bien, la mira de estos abogados era el lucro; y lograban sus ganancias según su empleo.


Ahora bien, era con el único objeto de lucrar, pues les pagaban según sus servicios, por lo que incitaban a la gente a motines y a toda clase de desórdenes y maldades, para tener más trabajo con objeto de obtener dinero, de acuerdo con los litigios que les eran presentados; por tanto, agitaron al pueblo contra Alma y Amulek.