Ahora bien, cuando Amulek hubo pronunciado estas palabras, el pueblo comenzó a asombrarse, viendo que había más de un testigo que daba testimonio de las cosas de que se les acusaba, y también de las cosas que habían de venir, de acuerdo con el espíritu de profecía que había en ellos.
Sin embargo, hubo algunos entre ellos que pensaron interrogarlos para que por medio de sus astutas tretas pudieran enredarlos con sus propias palabras, a fin de obtener testimonio contra ellos, con objeto de entregarlos a sus jueces para que fueran juzgados de acuerdo con la ley, y fueran ejecutados o encarcelados, según el crimen que pudieran fraguar o atestiguar en contra de ellos.