Sí, bien dijo Mosíah, nuestro último rey, cuando estaba para entregar el reino—no teniendo a quien dejarlo y mandando que este pueblo se gobernara por su propia voz— sí, bien dijo él que si llegaba el día en que la voz de este pueblo escogiera la iniquidad, es decir, si llegaba la ocasión en que los de este pueblo cayeran en transgresión, se hallarían prestos para ser destruidos.