Y aconteció que cuando se hubieron consumido los cuerpos de los que habían sido echados al fuego, como también los anales que habían arrojado junto con ellos, el juez superior de la tierra vino y se puso delante de Alma y Amulek, estando ellos atados, y los golpeó en las mejillas con la mano, y les dijo:
Después de lo que habéis visto, ¿predicaréis otra vez a los de este pueblo que serán arrojados en un lago de fuego y azufre? He aquí, ya veis que no tuvisteis poder para salvar a los que habían sido arrojados al fuego; ni tampoco los ha salvado Dios porque eran de vuestra fe.
Y el juez los golpeó otra vez en las mejillas, y les preguntó:
¿Qué decís en favor de vosotros mismos? Y este juez era de la orden y la fe de Nehor, aquel que mató a Gedeón.
Y aconteció que ni Alma ni Amulek le contestaron; y los abofeteó otra vez, y los entregó a los oficiales para que los echaran en la cárcel.
Y cuando habían estado tres días en la prisión, vinieron muchos abogados, y jueces, y sacerdotes, y maestros, que eran de la fe de Nehor; y entraron en la cárcel para verlos, y les preguntaron en cuanto a muchas palabras; mas no les contestaron nada.
Y aconteció que el juez se puso delante de ellos y les dijo: ¿Por qué no respondéis a las palabras de este pueblo? ¿Ignoráis que tengo poder para echaros en las llamas? Y les mandó que hablaran; mas ellos no le contestaron nada.
Y sucedió que se retiraron y se fueron, mas volvieron al día siguiente; y el juez golpeó a Alma y a Amulek de nuevo en las mejillas. Y muchos también avanzaron y los golpearon, diciendo:
¿Os pondréis otra vez a juzgar a este pueblo y a condenar nuestra ley?
Si tenéis tan grande poder,
¿por qué no os libertáis a vosotros mismos?
Y les dijeron muchas cosas semejantes, crujiendo los dientes, y escupiendo sobre ellos, y diciendo:
¿Cómo nos veremos cuando seamos condenados?
Y muchas cosas semejantes, sí, toda suerte de cosas parecidas les dijeron; y así se burlaron de ellos por muchos días. Y los privaron de alimento para que padecieran hambre, y de agua para que tuvieran sed; y también les quitaron la ropa para que estuvieran desnudos; y así estaban atados con fuertes cuerdas, y encerrados en la cárcel.