Las palabras de Alma a su hijo Helamán

Los jareditas y las veinticuatro planchas

Alma 37:21–22

Alma explica que las 24 planchas contienen la historia de un pueblo caído, que debe servir de lección para aquellos que les siguen.

Y ahora te hablaré acerca de aquellas veinticuatro planchas; que las guardes para que sean manifestados a este pueblo los misterios, y las obras de tinieblas, y sus hechos secretos, o sea, los hechos secretos de aquel pueblo que fue destruido; sí, que todos sus asesinatos, y robos, y sus pillajes, y todas sus maldades y abominaciones puedan ser manifestados a este pueblo; sí, y que preserves estos intérpretes. Porque he aquí, el Señor vio que su pueblo empezaba a obrar en tinieblas, sí, a cometer asesinatos y abominaciones en secreto; por tanto, dijo el Señor que si no se arrepentían, serían destruidos de sobre la superficie de la tierra.

Alma 37:23–25

El Señor ha preparado un camino para que estos registros sean traducidos mediante “intérpretes”.

Y dijo el Señor:

Prepararé para mi siervo Gazelem una piedra que brillará en las tinieblas hasta dar luz, a fin de manifestar a los de mi pueblo que me sirven, sí, para manifestarles los hechos de sus hermanos, sí, sus obras secretas, sus obras de obscuridad, y sus maldades y abominaciones.

Y se prepararon estos intérpretes, hijo mío, para que se cumpliera la palabra que Dios habló, diciendo: Sacaré de las tinieblas a la luz todos sus hechos secretos y sus abominaciones; y a menos que se arrepientan, los destruiré de sobre la superficie de la tierra; y descubriré todos sus secretos y abominaciones a toda nación que en lo futuro posea la tierra.

Alma 37:26–29

La civilización que realizó el registro ha sido destruida, pero el relato de su caída debe ser conservado para que pueda ser aprendido.

Y vemos, hijo mío, que no se arrepintieron; por tanto, han sido destruidos, y hasta ahora se ha cumplido la palabra de Dios; sí, sus abominaciones secretas han salido de las tinieblas, y nos han sido reveladas.

Y ahora bien, hijo mío, te mando que retengas todos sus juramentos, y sus pactos, y sus acuerdos en sus abominaciones secretas; y todas sus señales y sus prodigios retendrás para que este pueblo no los conozca, no sea que por ventura también caigan en las tinieblas y sean destruidos.

Porque he aquí, hay una maldición sobre toda esta tierra de que sobrevendrá una destrucción a todos los obradores de tinieblas, según el poder de Dios, cuando lleguen al colmo; por tanto, es mi deseo que este pueblo no sea destruido.

Por consiguiente, esconderás de este pueblo esos planes secretos de sus juramentos y sus pactos, y solamente le darás a conocer sus maldades, sus asesinatos y sus abominaciones; y le enseñarás a aborrecer tales maldades y abominaciones y asesinatos; y también debes enseñarle que esta gente fue destruida por motivo de sus maldades y abominaciones y asesinatos.

Alma 37:30–31

Esta sociedad caída había matado a los profetas de Dios, y como tal, había sido maldita.

Porque he aquí, asesinaron a todos los profetas del Señor que llegaron entre ellos para declararles en cuanto a sus iniquidades; y la sangre de los que asesinaron clamó al Señor su Dios para que los vengara de aquellos que fueron sus asesinos; y así los juicios de Dios descendieron sobre estos obradores de tinieblas y de combinaciones secretas.

Sí, y maldita sea la tierra por siempre jamás para esos obradores de tinieblas y combinaciones secretas, aun hasta su destrucción, a menos que se arrepientan antes que lleguen al colmo.