Alma 37:30–31

Porque he aquí, asesinaron a todos los profetas del Señor que llegaron entre ellos para declararles en cuanto a sus iniquidades; y la sangre de los que asesinaron clamó al Señor su Dios para que los vengara de aquellos que fueron sus asesinos; y así los juicios de Dios descendieron sobre estos obradores de tinieblas y de combinaciones secretas.

Sí, y maldita sea la tierra por siempre jamás para esos obradores de tinieblas y combinaciones secretas, aun hasta su destrucción, a menos que se arrepientan antes que lleguen al colmo.

From section: Los jareditas y las veinticuatro planchas

From page: Las palabras de Alma a su hijo Helamán

Commentary