Y aconteció que después que el pueblo de Ammón quedó establecido en la tierra de Jersón, y se hubo organizado también una iglesia en la tierra de Jersón, y los ejércitos de los nefitas fueron colocados alrededor de la tierra de Jersón, sí, por todas las fronteras que circundaban la tierra de Zarahemla, he aquí, los ejércitos de los lamanitas habían seguido a sus hermanos al desierto.
De modo que se libró una batalla tremenda; sí, como nunca se había conocido entre todos los habitantes de la tierra, desde el día en que Lehi salió de Jerusalén; sí, y decenas de millares de los lamanitas fueron muertos y esparcidos. Sí, y también hubo una matanza tremenda entre el pueblo de Nefi; sin embargo, los lamanitas fueron rechazados y dispersados, y el pueblo de Nefi volvió otra vez a su tierra.
Y esta es la narración de las guerras y contenciones entre los nefitas, y también de las guerras entre los nefitas y lamanitas; y el año decimoquinto del gobierno de los jueces ha concluido. Y desde el año primero al decimoquinto, se ha consumado la destrucción de muchos miles de vidas; sí, se ha desarrollado una escena terrible de efusión de sangre.
Y los cuerpos de muchos miles yacen bajo la tierra, mientras que los cuerpos de muchos miles están consumiéndose en montones sobre la superficie de la tierra; sí, y muchos miles lloran por la pérdida de sus parientes, porque tienen motivo para temer, según las promesas del Señor, que sean condenados a un estado de angustia interminable.
Y fue un tiempo en que se oyó gran llanto y lamentación por toda la tierra, entre todo el pueblo de Nefi; sí, el lamento de las viudas llorando por sus maridos, y de los padres llorando por sus hijos, y la hija por el hermano, sí, y el hermano por el padre; de modo que el grito de angustia se oía entre todos ellos, llorando por sus parientes que habían perecido.
Y ciertamente fue un día lúgubre; sí, un tiempo de solemnidad, y un tiempo de mucho ayuno y oración. Y así termina el año decimoquinto del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi;
Por otra parte, muchos otros miles lamentan por cierto la pérdida de sus parientes; no obstante, se regocijan y se alegran en la esperanza, y aun saben, según las promesas del Señor, que serán levantados para morar a la diestra de Dios, en un estado de felicidad perpetua.
Y así vemos cuán grande es la desigualdad del hombre a causa del pecado y la transgresión y el poder del diablo, que viene por los astutos planes que ha urdido para enredar el corazón de los hombres.
Y así vemos el gran llamamiento de diligencia a los hombres para obrar en las viñas del Señor; y así vemos el gran motivo del dolor, como también del gozo: dolor a causa de la muerte y destrucción entre los hombres, y gozo a causa de la luz de Cristo para vida.
He aquí, aconteció que después que el pueblo de Ammón quedó establecido en la tierra de Jersón, sí, y también después que los lamanitas fueron arrojados del país, y sus muertos fueron sepultados por la gente de esa tierra —y no fueron contados sus muertos por ser tan numerosos, ni tampoco lo fueron los de los nefitas— aconteció que después que hubieron sepultado a sus muertos, y también después de los días de ayuno, de llanto y de oración (y fue durante el año decimosexto del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi), empezó a haber continua paz por toda la tierra. Sí, y el pueblo se esforzaba en guardar los mandamientos del Señor; y obedecía estrictamente las ordenanzas de Dios, según la ley de Moisés; porque se le enseñaba a observar la ley de Moisés hasta que fuese cumplida. Y así fue que no hubo disturbios entre el pueblo en todo el año decimosexto del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi. Y sucedió que a principios del año decimoséptimo del gobierno de los jueces hubo continua paz.