Y sucedió que después del fin de Korihor, habiendo recibido Alma noticias de que los zoramitas estaban pervirtiendo las vías del Señor, y que Zoram, su jefe, estaba induciendo el corazón de los del pueblo a que se postraran ante ídolos mudos, su corazón empezó nuevamente a afligirse a causa de la iniquidad del pueblo. Porque le era motivo de mucho pesar a Alma saber de la iniquidad entre su pueblo; por tanto, su corazón se afligió en extremo por causa de la separación de los zoramitas de los nefitas.
Ahora bien, los zoramitas se habían reunido en una tierra que llamaban Antiónum, situada al este de la tierra de Zarahemla, que se hallaba casi contigua a la costa del mar, al sur de la tierra de Jersón, que también colindaba con el desierto del sur, el cual estaba lleno de lamanitas.
Y los nefitas temían en gran manera que los zoramitas establecieran relaciones con los lamanitas, y resultara en una pérdida muy grande para los nefitas.
Y los zoramitas eran disidentes nefitas; por lo tanto, les había sido predicada la palabra de Dios. Pero habían caído en grandes errores, pues no se esforzaban por guardar los mandamientos de Dios ni sus estatutos, según la ley de Moisés. Ni tampoco observaban las prácticas de la iglesia, de perseverar en la oración y súplicas a Dios diariamente para no entrar en tentación.
Y como la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo —sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido— por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios.
Así pues, tomó a Ammón, a Aarón y a Omner; y dejó a Himni en la iglesia de Zarahemla; mas llevó consigo a los primeros tres, y también a Amulek y a Zeezrom, los cuales se hallaban en Melek; y también llevó a dos de sus hijos.
Pero no llevó al mayor de sus hijos, que se llamaba Helamán; y los nombres de los que llevó consigo eran Shiblón y Coriantón; y estos son los nombres de los que fueron con él entre los zoramitas para predicarles la palabra.
Sí, y en fin, pervertían las vías del Señor en muchísimos casos; por lo tanto, por esta razón, Alma y sus hermanos fueron a su tierra para predicarles la palabra.