Y sucedió que en el año undécimo del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi, el día cinco del segundo mes —habiendo existido mucha paz en la tierra de Zarahemla, pues no había habido guerras ni contenciones por determinado número de años, aun hasta el quinto día del segundo mes del año undécimo— resonó por todo el país el grito de guerra. Porque he aquí, los ejércitos de los lamanitas habían pasado las fronteras del país, por el lado del desierto, sí, hasta la ciudad de Ammoníah, y empezaron a matar a la gente y a destruir la ciudad.
Y he aquí, aconteció que aquellos lamanitas se irritaron más porque habían matado a sus hermanos; por tanto, juraron vengarse de los nefitas; y por lo pronto no intentaron más destruir al pueblo de Anti-Nefi-Lehi, sino que tomaron sus ejércitos y fueron a las fronteras de la tierra de Zarahemla, y cayeron sobre los que se hallaban en la tierra de Ammoníah, y los destruyeron. Y después de esto tuvieron muchas batallas con los nefitas, en las cuales fueron rechazados y destruidos.
Y aconteció que antes que los nefitas pudieran levantar un ejército suficiente para rechazarlos del país, ya habían destruido a la gente que se hallaba en la ciudad de Ammoníah, como también a algunos en las fronteras de la tierra de Noé, y a otros los llevaron cautivos al desierto.
Y el pueblo de Ammoníah había sido destruido; sí, toda alma viviente de los ammoniahitas había sido destruida, y también su gran ciudad, la cual decían que Dios no podía destruir a causa de su grandeza. Mas he aquí que en un solo día quedó desolada; y los perros y las bestias feroces del desierto destrozaron los cadáveres. Sin embargo, después de muchos días se amontonaron sus cadáveres sobre la faz de la tierra, y los cubrieron superficialmente. Y tan grande era la hediondez, que por muchos años la gente no fue a tomar posesión de la tierra de Ammoníah. Y la llamaron la Desolación de los Nehores; porque eran de la fe de Nehor los que perecieron; y sus tierras quedaron desoladas.
Y entre los lamanitas que murieron, se hallaban casi todos los descendientes de Amulón y sus hermanos, que eran los sacerdotes de Noé; y perecieron por mano de los nefitas;
y el resto de ellos, habiendo huido al desierto del este, y habiendo usurpado el poder y la autoridad sobre los lamanitas, hicieron que muchos de los lamanitas muriesen por fuego a causa de su creencia;
porque muchos de ellos, después de haber padecido muchas pérdidas y tantas aflicciones, empezaron a recordar las palabras que Aarón y sus hermanos les habían predicado en su tierra; de modo que empezaron a descreer las tradiciones de sus padres, y a creer en el Señor, y que él daba gran poder a los nefitas; y así se convirtieron muchos de ellos en el desierto.
Y aconteció que aquellos caudillos que eran el resto de los descendientes de Amulón hicieron que se aplicara la pena de muerte, sí, a cuantos creyeran en estas cosas. Ahora bien, este martirio hizo que muchos de sus hermanos se llenaran de ira; y empezó a haber contiendas en el desierto; y los lamanitas empezaron a perseguir y a matar a los descendientes de Amulón y sus hermanos; y estos huyeron al desierto del este. Y he aquí, los lamanitas los persiguen hasta el día de hoy; y así se cumplieron las palabras de Abinadí respecto de los descendientes de los sacerdotes que hicieron que él padeciera la muerte por fuego.
Y así se cumplieron las palabras de Abinadí respecto de los descendientes de los sacerdotes que hicieron que él padeciera la muerte por fuego. Porque les dijo:
Lo que hagáis conmigo será un símbolo de cosas futuras.
Y Abinadí fue el primero que padeció la muerte por fuego, por causa de su fe en Dios; y lo que quiso decir fue que muchos padecerían la muerte por fuego, así como él había padecido.
Y dijo a los sacerdotes de Noé que sus descendientes causarían que a muchos los mataran de la misma manera como él lo fue, y que ellos serían esparcidos y muertos, así como la oveja que no tiene pastor es perseguida y muerta por animales feroces; y he aquí, se cumplieron estas palabras, porque fueron dispersados por los lamanitas, y acosados y heridos.