Y cuando llegaron a su tierra, he aquí, para su asombro hallaron que los zoramitas habían edificado sinagogas, y que se congregaban un día de la semana, el cual llamaban el día del Señor; y adoraban de una manera que Alma y sus hermanos nunca habían visto; porque habían erigido en el centro de su sinagoga una plataforma que llegaba más alto que la cabeza, y en cuya parte superior solo cabía una persona.
De manera que el que deseaba adorar, tenía que ir y ocupar esta parte superior, y extender las manos hacia el cielo, y clamar en voz alta, diciendo:
¡Santo, Santo Dios;
Creemos que eres Dios,
y creemos que eres santo,
y que fuiste un espíritu,
y que eres un espíritu y que serás un espíritu para siempre!¡Santo Dios, creemos que tú nos has separado de nuestros hermanos;
y no creemos en la tradición de nuestros hermanos que les fue transmitida por las puerilidades de sus padres;
mas creemos que nos has escogido para ser tus santos hijos;
y también nos has dado a conocer que no habrá Cristo!¡Mas tú eres el mismo ayer, hoy y para siempre;
y nos has elegido para que seamos salvos, mientras que todos los que nos rodean son elegidos para ser arrojados por tu ira al infierno;
y por esta santidad, oh Dios, te damos gracias;
y también te damos gracias porque nos has elegido, a fin de que no seamos llevados en pos de las necias tradiciones de nuestros hermanos que los someten a una creencia en Cristo, lo que conduce sus corazones a apartarse lejos de ti, Dios nuestro!Y de nuevo te damos las gracias, oh Dios, porque somos un pueblo electo y santo. Amén.
Y aconteció que después que Alma, sus hermanos y sus hijos hubieron oído estas oraciones, se asombraron sobremanera. Pues he aquí, cada uno iba y ofrecía estas mismas oraciones. Y el nombre que daban a este sitio era Rameúmptom, que interpretado quiere decir el santo púlpito. Y desde este púlpito ofrecía, cada uno de ellos, la misma oración a Dios, dando las gracias a su Dios porque los había escogido, y porque no los llevó en pos de la tradición de sus hermanos, y porque sus corazones no fueron cautivados para creer en cosas venideras, de las cuales nada sabían. Y después que todos los del pueblo daban gracias de esta manera, regresaban a sus casas, sin volver a hablar de su Dios hasta que nuevamente se juntaban alrededor del santo púlpito para ofrecer gracias según su manera.