Y ahora bien, cuando habláis, decís:
Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres de la antigüedad, no habríamos muerto a los profetas; no los hubiéramos apedreado ni echado fuera.
Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres de la antigüedad, no habríamos muerto a los profetas;
no los hubiéramos apedreado ni echado fuera.