Y sucedió que hubo cuatro mil de esos disidentes que fueron talados por la espada; y sus jefes que no murieron en la batalla fueron tomados y encarcelados, porque no hubo tiempo para juzgarlos en esa ocasión.
Y el resto de aquellos disidentes, más bien que caer a tierra por la espada, se rindieron al estandarte de la libertad, y se les obligó a izar el estandarte sobre sus torres, y en sus ciudades, y a tomar las armas en defensa de su país.
Y así acabó Moroni con aquellos realistas, de modo que no hubo nadie que fuese conocido por el apelativo de realista; y así dio fin a la obstinación y orgullo de aquellos que decían tener sangre noble; y fueron obligados a humillarse igual que sus hermanos y a luchar valientemente por su libertad del cautiverio.