La época de la guerra de Zarahemla

Las Profecías y las últimas horas de Alma

Alma 45:2–9

Alma habla con su hijo Helamán, le pregunta si cree en Jesucristo y si está comprometido a cumplir con los mandamientos de Alma para registrar las profecías de Alma.

Y sucedió en el año decimonoveno del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi, que Alma fue a su hijo Helamán, y le dijo:

¿Crees las palabras que te hablé concernientes a estos anales que se han llevado?

Y Helamán le dijo:

Sí; yo creo.

Y agregó Alma:

¿Crees en Jesucristo, que ha de venir?

Y él dijo:

Sí, creo todas las palabras que tú has hablado.

Y Alma añadió enseguida:

¿Guardarás mis mandamientos?

Y él dijo:

Sí, guardaré tus mandamientos con todo mi corazón.

Entonces le dijo Alma:

Bendito eres; y el Señor te hará prosperar en esta tierra. Mas he aquí, tengo algo que profetizarte; pero lo que yo te profetice, no lo divulgarás; sí, lo que yo te profetice no se dará a conocer sino hasta que la profecía sea cumplida; por tanto, escribe las palabras que voy a decir.

Alma 45:10–14

Alma profetiza a Helamán que los Nefitas experimentarán guerras, pestilencias y eventual exterminio.

Y estas son las palabras:

He aquí, según el espíritu de revelación que hay en mí, yo percibo que este mismo pueblo, los nefitas, degenerará en la incredulidad dentro de cuatrocientos años a partir de la época en que Jesucristo se manifieste a ellos. Sí, y entonces verán guerras y pestilencias; sí, hambres y el derramamiento de sangre, hasta que el pueblo de Nefi sea exterminado. Sí, y esto porque degenerarán en la incredulidad, y se tornarán a las obras de tinieblas y lascivia y toda clase de iniquidades; sí, te digo que porque pecarán contra tan grande luz y conocimiento, sí, te digo que desde ese día, no morirá toda la cuarta generación antes que venga esta gran iniquidad. Y cuando llegue ese gran día, he aquí, rápidamente se aproxima la hora en que los que hoy son, o sea, la posteridad de los que hoy se cuentan entre el pueblo de Nefi, no se contarán más entre el pueblo de Nefi. Mas quienes quedaren, y no fueren destruidos en ese grande y terrible día, serán contados entre los lamanitas, y se volverán como ellos, todos, menos unos pocos que se llamarán los discípulos del Señor; y a estos los lamanitas los perseguirán hasta que sean exterminados. Y a causa de la iniquidad, esta profecía será cumplida.

Alma 45:15–16

Alma bendice a sus hijos, y bendice la tierra por el bien de los justos.

Y sucedió que después que Alma hubo dicho estas cosas a Helamán, lo bendijo, y a sus otros hijos también; asimismo bendijo la tierra por el bien de los justos. Y declaró:

Así dice el Señor Dios: Maldita será la tierra, sí, esta tierra, para la destrucción de toda nación, tribu, lengua y pueblo que obre inicuamente, cuando haya llegado al colmo; y así como he dicho acontecerá, porque esta es la maldición y la bendición de Dios sobre la tierra, porque el Señor no puede considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia.

Alma 50:37–38

Alma ofrece la responsabilidad del cuidado de los registros de los nefitas a Nefíah, el juez principal, pero Nefíah declina, así que Alma da los registros a su hijo Helamán.

...Nefíah, el segundo juez superior, murió, habiendo ocupado el asiento judicial con perfecta rectitud delante de Dios. Sin embargo, se había negado a recibir de Alma esos anales y esas cosas que Alma y sus padres estimaban como sumamente sagrados; por tanto, Alma los había entregado a su hijo Helamán.

Alma 45:17–18

Alma bendice a la iglesia y abandona la Tierra de Zarahemla—nunca más es visto.

Y cuando Alma hubo dicho estas palabras, bendijo a la iglesia; sí, a todos aquellos que permaneciesen firmes en la fe desde ese tiempo en adelante. Y cuando Alma hubo hecho esto, salió de la tierra de Zarahemla como si fuera a la tierra de Melek. Y ocurrió que no se volvió a saber de él; y de su muerte y de su entierro, nada sabemos.

Alma 45:19

Alma posiblemente es traducido, o enterrado por la mano de Dios, como lo fue Moisés.

He aquí, esto sí sabemos, que fue un hombre justo; y se afirmó en la iglesia que fue arrebatado por el Espíritu, o sepultado por la mano del Señor, así como lo fue Moisés. Mas he aquí, las Escrituras dicen que el Señor tomó a Moisés para sí; y suponemos que también ha recibido a Alma para sí en el espíritu; por tanto, es por esta razón que nada sabemos concerniente a su muerte y entierro.