Y sucedió en el año decimonoveno del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi, que Alma fue a su hijo Helamán, y le dijo:
¿Crees las palabras que te hablé concernientes a estos anales que se han llevado?
Y Helamán le dijo:
Sí; yo creo.
Y agregó Alma:
¿Crees en Jesucristo, que ha de venir?
Y él dijo:
Sí, creo todas las palabras que tú has hablado.
Y Alma añadió enseguida:
¿Guardarás mis mandamientos?
Y él dijo:
Sí, guardaré tus mandamientos con todo mi corazón.
Entonces le dijo Alma:
Bendito eres; y el Señor te hará prosperar en esta tierra. Mas he aquí, tengo algo que profetizarte; pero lo que yo te profetice, no lo divulgarás; sí, lo que yo te profetice no se dará a conocer sino hasta que la profecía sea cumplida; por tanto, escribe las palabras que voy a decir.
Y estas son las palabras:
He aquí, según el espíritu de revelación que hay en mí, yo percibo que este mismo pueblo, los nefitas, degenerará en la incredulidad dentro de cuatrocientos años a partir de la época en que Jesucristo se manifieste a ellos. Sí, y entonces verán guerras y pestilencias; sí, hambres y el derramamiento de sangre, hasta que el pueblo de Nefi sea exterminado. Sí, y esto porque degenerarán en la incredulidad, y se tornarán a las obras de tinieblas y lascivia y toda clase de iniquidades; sí, te digo que porque pecarán contra tan grande luz y conocimiento, sí, te digo que desde ese día, no morirá toda la cuarta generación antes que venga esta gran iniquidad. Y cuando llegue ese gran día, he aquí, rápidamente se aproxima la hora en que los que hoy son, o sea, la posteridad de los que hoy se cuentan entre el pueblo de Nefi, no se contarán más entre el pueblo de Nefi. Mas quienes quedaren, y no fueren destruidos en ese grande y terrible día, serán contados entre los lamanitas, y se volverán como ellos, todos, menos unos pocos que se llamarán los discípulos del Señor; y a estos los lamanitas los perseguirán hasta que sean exterminados. Y a causa de la iniquidad, esta profecía será cumplida.
Y sucedió que después que Alma hubo dicho estas cosas a Helamán, lo bendijo, y a sus otros hijos también; asimismo bendijo la tierra por el bien de los justos. Y declaró:
Así dice el Señor Dios: Maldita será la tierra, sí, esta tierra, para la destrucción de toda nación, tribu, lengua y pueblo que obre inicuamente, cuando haya llegado al colmo; y así como he dicho acontecerá, porque esta es la maldición y la bendición de Dios sobre la tierra, porque el Señor no puede considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia.
...Nefíah, el segundo juez superior, murió, habiendo ocupado el asiento judicial con perfecta rectitud delante de Dios. Sin embargo, se había negado a recibir de Alma esos anales y esas cosas que Alma y sus padres estimaban como sumamente sagrados; por tanto, Alma los había entregado a su hijo Helamán.
Y cuando Alma hubo dicho estas palabras, bendijo a la iglesia; sí, a todos aquellos que permaneciesen firmes en la fe desde ese tiempo en adelante. Y cuando Alma hubo hecho esto, salió de la tierra de Zarahemla como si fuera a la tierra de Melek. Y ocurrió que no se volvió a saber de él; y de su muerte y de su entierro, nada sabemos.
He aquí, esto sí sabemos, que fue un hombre justo; y se afirmó en la iglesia que fue arrebatado por el Espíritu, o sepultado por la mano del Señor, así como lo fue Moisés. Mas he aquí, las Escrituras dicen que el Señor tomó a Moisés para sí; y suponemos que también ha recibido a Alma para sí en el espíritu; por tanto, es por esta razón que nada sabemos concerniente a su muerte y entierro.