Y sucedió que los capitanes de los lamanitas llevaron a sus ejércitos frente al lugar de la entrada, y empezaron a contender con los nefitas, con objeto de penetrar en su plaza fuerte; pero he aquí, fueron rechazados varias veces, de tal manera que fueron heridos con una inmensa mortandad.
Y cuando vieron que no podían dominar a los nefitas por la entrada, empezaron a socavar sus terraplenes, a fin de hacer un pasaje para llegar a los ejércitos de ellos, para combatir con igualdad; pero he aquí que en esta tentativa fueron arrasados por las piedras y las flechas que les lanzaron; y en lugar de llenar sus fosos, derrumbando los terraplenes, los llenaron en parte con sus cuerpos muertos y heridos.
Y así los nefitas dominaron en todo a sus enemigos; y así intentaron los lamanitas destruir a los nefitas hasta que fueron muertos todos sus capitanes en jefe; sí, y murieron más de mil lamanitas, mientras que, por otra parte, no fue muerta ni una sola alma de los nefitas.
Hubo unos cincuenta que fueron heridos, los cuales habían estado expuestos a las flechas de los lamanitas en la entrada, pero los protegieron sus escudos, y sus petos, y sus cascos, de modo que solo recibieron heridas en las piernas, muy graves muchas de ellas.
Y aconteció que cuando los lamanitas vieron que todos sus capitanes en jefe habían sido muertos, huyeron al desierto. Y sucedió que volvieron a la tierra de Nefi para informar a su rey Amalickíah, que era nefita de nacimiento, concerniente a sus grandes pérdidas.
Y ocurrió que se enfureció en extremo con su pueblo, porque no había realizado su deseo en cuanto a los nefitas; no los había sujetado al yugo del cautiverio. Sí, se enfureció en extremo; y maldijo a Dios, y también a Moroni, haciendo juramento de que bebería su sangre; y esto porque Moroni había guardado los mandamientos de Dios, haciendo los preparativos para salvaguardar a su pueblo.
Y sucedió, por otra parte, que el pueblo de Nefi dio gracias al Señor su Dios por su incomparable poder en librarlos de las manos de sus enemigos. Y así concluyó el año decimonoveno del gobierno de los jueces sobre el pueblo de Nefi. Sí, y hubo paz continua entre ellos, y sumamente grande prosperidad en la iglesia a causa de su atención y diligencia que daban a la palabra de Dios, la cual les era declarada por Helamán, Shiblón, Coriantón, y Ammón y sus hermanos, sí, y por todos los que habían sido ordenados según el santo orden de Dios, habiendo sido bautizados para arrepentimiento y enviados a predicar entre el pueblo.