Y aconteció que cuando los lamanitas vieron que todos sus capitanes en jefe habían sido muertos, huyeron al desierto. Y sucedió que volvieron a la tierra de Nefi para informar a su rey Amalickíah, que era nefita de nacimiento, concerniente a sus grandes pérdidas.
Y ocurrió que se enfureció en extremo con su pueblo, porque no había realizado su deseo en cuanto a los nefitas; no los había sujetado al yugo del cautiverio. Sí, se enfureció en extremo; y maldijo a Dios, y también a Moroni, haciendo juramento de que bebería su sangre; y esto porque Moroni había guardado los mandamientos de Dios, haciendo los preparativos para salvaguardar a su pueblo.