Y muchas veces intentaron hacer beber de su vino a los nefitas, a fin de matarlos con veneno o por embriaguez. Pero he aquí, los nefitas no fueron lentos en acordarse del Señor su Dios en su hora de aflicción. No podían hacerlos caer en sus trampas; sí, no bebían de su vino sin que primero dieran de él a algunos de los prisioneros lamanitas. Y así tuvieron cuidado de no dejarse administrar veneno; porque si el vino envenenaba a un lamanita, también envenenaría a un nefita; y así hacían con todos sus licores.