Así pues, Moroni, me alegro de haber recibido tu epístola, porque me hallaba algo inquieto concerniente a lo que deberíamos hacer, si sería justo marchar contra nuestros hermanos. Pero has dicho que a menos que se arrepientan, el Señor te ha mandado ir contra ellos. Procura fortalecer a Lehi y a Teáncum en el Señor; diles que no teman porque Dios los librará, sí, y también a todos aquellos que se mantienen firmes en esa libertad con que Dios los ha hecho libres. Y ahora concluyo mi epístola a mi amado hermano Moroni.