Y sucedió que cuando Moroni hubo recibido esta epístola, se enojó aún más, porque sabía que Ammorón tenía un conocimiento perfecto de su fraude; sí, sabía que Ammorón sabía que no era una causa justa la que lo había llevado a emprender la guerra contra el pueblo de Nefi. Y dijo: He aquí, no canjearé prisioneros con Ammorón, a menos que renuncie a su propósito, como le he expresado en mi epístola; porque no le permitiré que adquiera más poder del que ha conseguido. He aquí, conozco el lugar donde guardan los lamanitas a los de mi pueblo que han tomado prisioneros; y ya que Ammorón no ha aceptado lo de mi epístola, he aquí, le haré según mis palabras; sí, sembraré muerte entre ellos hasta que pidan la paz.
Y ocurrió que cuando Moroni hubo dicho estas palabras, hizo que se buscara entre sus hombres, por si acaso hallaba entre ellos a uno que fuera descendiente de Lamán. Y sucedió que encontraron a uno, cuyo nombre era Lamán; y era uno de los siervos del rey que Amalickíah había asesinado.
Y Moroni hizo que Lamán y un pequeño número de sus hombres fueran a los guardias que vigilaban a los nefitas. Y los nefitas estaban bajo custodia en la ciudad de Gid; por lo tanto, Moroni designó a Lamán, e hizo que lo acompañara un reducido número de hombres.
Y cuando anocheció, Lamán fue a los guardias que estaban vigilando a los nefitas, y he aquí, lo vieron venir y le gritaron; pero él les dijo: No temáis; he aquí, soy lamanita. Nos hemos escapado de los nefitas, y están dormidos; y he aquí, hemos traído de su vino con nosotros.
Y cuando los lamanitas oyeron estas palabras, lo recibieron con gozo, y le dijeron:
“Danos de tu vino para que bebamos;
nos alegramos de que hayas traído vino contigo, porque estamos cansados.”
Pero Lamán les dijo:
“Guardemos nuestro vino hasta que salgamos a la batalla contra los nefitas.”
Pero estas palabras solo les estimularon sus deseos de beber del vino;
porque, dijeron ellos, estamos cansados; por tanto, bebamos del vino, y dentro de poco recibiremos nuestra ración de vino, la cual nos fortalecerá para salir contra los nefitas.
Y Lamán les dijo:
Podéis hacer lo que bien os parezca.
Y sucedió que bebieron del vino liberalmente; y les fue agradable al gusto; por lo tanto, bebieron más abundantemente; y era fuerte, pues se había preparado para que tuviera fuerza. Y aconteció que bebieron y se alegraron; y dentro de poco todos estaban ebrios. Y cuando Lamán y sus hombres vieron que todos estaban borrachos y durmiendo profundamente, se volvieron a Moroni, y le refirieron todas las cosas que habían acontecido.
Ahora bien, esto resultó de acuerdo con el proyecto de Moroni, y él había preparado a sus hombres con armas de guerra; y fue a la ciudad de Gid, mientras los lamanitas se hallaban profundamente dormidos y ebrios, y echaron armas de guerra a los prisioneros, de modo que todos quedaron armados —sí, hasta sus mujeres, y cuantos de sus niños eran capaces de manejar armas de guerra— cuando Moroni hubo armado a todos aquellos prisioneros; y se hizo todo esto en profundo silencio.
Sin embargo, si hubieran despertado a los lamanitas, he aquí estaban borrachos, y los nefitas los habrían podido matar. Mas he aquí, este no era el deseo de Moroni; pues no se deleitaba en el asesinato ni en el derramamiento de sangre, antes bien se deleitaba en salvar a su pueblo de la destrucción; y por esta razón, para no incurrir en una injusticia, no quiso caer sobre los lamanitas en su borrachera y destruirlos.
Pero había logrado sus deseos; pues había armado a los prisioneros nefitas que estaban dentro de las murallas de la ciudad, y los había habilitado para que tomaran posesión de aquellos sitios que estaban dentro de las murallas. Y entonces hizo que los hombres que estaban con él se apartaran a un paso de ellos y cercaran a los ejércitos lamanitas.
Y he aquí, esto se hizo de noche, de modo que al despertar los lamanitas a la mañana siguiente, vieron que estaban cercados por los nefitas por fuera, y que por dentro sus prisioneros estaban armados. Y así vieron que los nefitas los tenían en su poder; y en estas circunstancias comprendieron que no era conveniente que pelearan contra los nefitas; de modo que sus capitanes en jefe les pidieron sus armas de guerra, y las llevaron y las echaron a los pies de los nefitas, pidiendo misericordia.
Y he aquí, esto era lo que Moroni deseaba. Los hizo prisioneros de guerra y tomó posesión de la ciudad, e hizo libertar a todos los prisioneros nefitas; y se unieron al ejército de Moroni, y lo reforzaron en gran manera. Y aconteció que hizo que los lamanitas, a quienes había hecho prisioneros, emprendieran la obra de reforzar las fortificaciones alrededor de la ciudad de Gid.
Y sucedió que cuando hubo fortificado la ciudad de Gid conforme a sus deseos, hizo que sus prisioneros fuesen conducidos a la ciudad de Abundancia; y también resguardó esa ciudad con una fuerza sumamente poderosa. Y ocurrió que a pesar de todas las intrigas de los lamanitas, los nefitas retuvieron y protegieron a todos los prisioneros que habían tomado, y también conservaron todo el terreno y la ventaja que habían reconquistado.