La época de la guerra de Zarahemla

Los preparativos militares de Defensa de Moroni

Alma 48:7–10

Mientras tanto, Moroni, consciente de que Amalickíah podría haberse unido con los lamanitas, fortifica las tierras de los nefitas con fuertes, muros y terraplenes de tierra, todo con la esperanza de defender la causa de los cristianos.

Ahora bien, aconteció que mientras Amalickíah así había estado adquiriendo poder por medio del fraude y del engaño, Moroni, por otra parte, había estado preparando la mente de los del pueblo para que fueran fieles al Señor su Dios.

Sí, él había estado fortaleciendo los ejércitos de los nefitas y construyendo pequeños fuertes o sitios de refugio, levantando parapetos de tierra alrededor de sus ejércitos, y erigiendo también muros de piedra para cercarlos, en los contornos de sus ciudades y en las fronteras de sus tierras; sí, por toda la tierra.

Y en sus fortificaciones más débiles colocó el mayor número de hombres; y así fortificó y reforzó la tierra que poseían los nefitas. Y de este modo se estuvo preparando para defender su libertad, sus tierras, sus esposas, sus hijos y su paz, a fin de vivir para el Señor su Dios, y preservar lo que sus enemigos llamaban la causa de los cristianos.

Alma 48:11–13

Moroni, motivado por su devoción y fe en Cristo, se esfuerza por defender sus derechos dados por Dios de seguridad, bienestar y libertad.

Y era Moroni un hombre fuerte y poderoso, un hombre de un entendimiento perfecto; sí, un hombre que no se deleitaba en derramar sangre; un hombre cuya alma se regocijaba en la libertad e independencia de su país, y en que sus hermanos se libraran de la servidumbre y la esclavitud; sí, un hombre cuyo corazón se henchía de agradecimiento a su Dios por los muchos privilegios y bendiciones que otorgaba a su pueblo; un hombre que trabajaba en gran manera por el bienestar y la seguridad de su pueblo.

Sí, y era un hombre firme en la fe de Cristo; y había jurado defender a su pueblo, sus derechos, su país y su religión, aun cuando tuviera que derramar su sangre.

Alma 48:14–16

La política de guerra de los nefitas es involucrarse solo en guerra defensiva o preventiva—esto asegura bendiciones continuas y direcciones de Dios.

Ahora bien, se enseñaba a los nefitas a defenderse contra sus enemigos, aun hasta la efusión de sangre, si necesario fuese; sí, y también se les enseñaba a nunca provocar a nadie, sí, y a nunca levantar la espada, salvo que fuese contra un enemigo, y que fuese para defender sus vidas.

Y esta era su fe, que si lo hacían, Dios los prosperaría en la tierra, o en otras palabras, si eran fieles en guardar los mandamientos de Dios, él los prosperaría en la tierra; sí, los amonestaría a huir o a prepararse para la guerra, según el peligro en que se vieran; y también, que Dios les manifestaría a dónde debían ir para defenderse de sus enemigos, y haciendo esto, el Señor los libraría; y esta era la fe de Moroni, y su corazón se gloriaba en ello; no en la efusión de sangre, sino en hacer bien, en preservar a su pueblo, sí, en obedecer los mandamientos de Dios, sí, y en resistir la iniquidad.

Alma 48:17–18

El carácter de Moroni es similar al de Alma, los hijos de Alma y los hijos de Mosíah: si todas las personas fueran como Moroni, Satanás sería impotente.

Sí, en verdad, en verdad os digo que si todos los hombres hubieran sido, y fueran y pudieran siempre ser como Moroni, he aquí, los poderes mismos del infierno se habrían sacudido para siempre; sí, el diablo jamás tendría poder sobre el corazón de los hijos de los hombres.

He aquí, era un hombre semejante a Ammón, el hijo de Mosíah; sí, y como los otros hijos de Mosíah; sí, y también como Alma y sus hijos, porque todos ellos eran hombres de Dios.

Alma 48:19–20

Mientras Moroni continúa las preparaciones defensivas, Helamán y sus hermanos fortalecen espiritualmente al pueblo en la iglesia.

Y he aquí, Helamán y sus hermanos no prestaban menor servicio al pueblo que Moroni; porque predicaban la palabra de Dios y bautizaban para arrepentimiento a cuantos querían oír sus palabras. Y así fue que salieron, y los del pueblo se humillaron a causa de las palabras de ellos, al grado de que fueron altamente favorecidos del Señor, y así se vieron libres de guerras y contenciones entre ellos, sí, por el espacio de cuatro años.

Alma 48:21–23

Los nefitas hacen preparativos de mala gana para lo que se convertirá en una larga y terrible guerra.

Mas como ya he dicho, a fines del año decimonoveno, sí, a pesar de la paz que había entre ellos, se vieron obligados, contra su voluntad, a contender con sus hermanos los lamanitas. Sí, y en resumen, no obstante su mucha renuencia, sus guerras con los lamanitas no cesaron durante muchos años. Y les pesaba tener que tomar las armas en contra de los lamanitas, porque no se deleitaban en la efusión de sangre; sí, y no solo eso, sino que los afligía ser ellos el medio por el cual tantos de sus hermanos serían enviados de este mundo a un mundo eterno, sin estar preparados para presentarse ante su Dios.

Alma 48:24–25

A pesar de sus preocupaciones, los nefitas no podían justificar dejar que sus familias y seres queridos cayeran víctimas de la barbarie de los lamanitas.

Sin embargo, no podían permitirse entregar sus vidas para que sus esposas e hijos fueran masacrados por la bárbara crueldad de aquellos que en un tiempo fueron sus hermanos; sí, y se habían separado de su iglesia, y se habían ido de entre ellos y salido para destruirlos, uniéndose a los lamanitas.

Sí, no podían soportar que sus hermanos se regocijaran en la sangre de los nefitas, mientras hubiese quien guardara los mandamientos de Dios, pues la promesa del Señor era que si guardaban sus mandamientos prosperarían en la tierra.