Y aconteció que cuando Moroni, que era el comandante en jefe de los ejércitos nefitas, supo de estas disensiones, se enojó con Amalickíah. Y sucedió que rasgó su túnica; y tomó un trozo y escribió en él:
En memoria de nuestro Dios, nuestra religión, y libertad,
y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos;
y lo colocó en el extremo de un asta.
Y se ajustó su casco y su peto y sus escudos, y se ciñó los lomos con su armadura; y tomó el asta, en cuyo extremo se hallaba su túnica rasgada (y la llamó el estandarte de la libertad), y se inclinó hasta el suelo y rogó fervorosamente a su Dios, que las bendiciones de libertad descansaran sobre sus hermanos mientras permaneciese un grupo de cristianos para poseer la tierra, porque todos los creyentes verdaderos de Cristo, quienes pertenecían a la iglesia, así eran llamados por aquellos que no eran de la iglesia de Dios.
Y los que pertenecían a la iglesia eran fieles; sí, todos los que eran creyentes verdaderos en Cristo gozosamente tomaron sobre sí el nombre de Cristo, o sea, cristianos, como les decían, por motivo de su creencia en Cristo que había de venir.
Y por tanto, Moroni rogó en esa ocasión que fuese favorecida la causa de los cristianos y la libertad de la tierra. Y sucedió que después que hubo derramado su alma a Dios, dio a todo el territorio que se hallaba al sur de la tierra de Desolación, sí, y en una palabra, a toda esa tierra, así en el norte como en el sur el nombre: Una tierra escogida y la tierra de libertad. Y dijo:
Ciertamente Dios no permitirá que nosotros, que somos despreciados porque tomamos sobre nosotros el nombre de Cristo, seamos hollados y destruidos sino hasta que lo provoquemos por nuestras propias transgresiones.
Y cuando Moroni hubo dicho estas palabras, fue entre el pueblo, haciendo ondear en el aire el trozo rasgado de su ropa, para que todos vieran la inscripción que había escrito sobre la parte rasgada, y clamando en alta voz, diciendo:
He aquí, todos aquellos que quieran preservar este estandarte sobre la tierra, vengan con la fuerza del Señor y hagan convenio de que mantendrán sus derechos y su religión, para que el Señor Dios los bendiga.
Y aconteció que cuando Moroni hubo proclamado estas palabras, he aquí, los del pueblo vinieron corriendo, ceñidos sus lomos con sus armaduras, rasgando sus vestidos en señal o como convenio de que no abandonarían al Señor su Dios; o en otras palabras, que si llegaban a quebrantar los mandamientos de Dios, o caían en transgresión, y se avergonzaban de tomar sobre ellos el nombre de Cristo, el Señor los destrozaría así como ellos habían rasgado sus vestidos.
Y este fue el convenio que hicieron, y arrojaron sus vestidos a los pies de Moroni, diciendo: Hacemos convenio con nuestro Dios de que seremos destruidos, como lo fueron nuestros hermanos en la tierra del norte, si llegamos a caer en transgresión; sí, él puede arrojarnos a los pies de nuestros enemigos, así como hemos arrojado nuestros vestidos a tus pies, para ser hollados, si caemos en transgresión.
Y Moroni les dijo:
He aquí, somos un resto de la posteridad de Jacob; sí, somos un resto de la posteridad de José, cuya túnica sus hermanos hicieron pedazos; sí, y ahora acordémonos de guardar los mandamientos de Dios, o nuestros hermanos harán pedazos nuestras ropas, y seremos echados en la cárcel, o vendidos, o muertos. Sí, preservemos nuestra libertad como un resto de José. Sí, recordemos las palabras de Jacob, antes de su muerte, pues he aquí, vio que parte del resto de la túnica de José se había conservado y no se había deteriorado. Y dijo: Así como este resto de la ropa de mi hijo se ha conservado, así preservará Dios un resto de la posteridad de mi hijo, y la tomará para sí, mientras que el resto de la posteridad de José perecerá, así como el resto de su túnica. Y he aquí, esto entristece mi alma; no obstante, se deleita mi alma en mi hijo por esa parte de su posteridad que Dios tomará para sí. He aquí, así fue como se expresó Jacob. Y ahora bien, ¿quién puede saber si el resto de los descendientes de José, que perecerán como su túnica, no son estos que se han separado de nosotros? Sí, y aun lo seremos nosotros mismos si no nos mantenemos firmes en la fe de Cristo.