Y acaeció que nuevamente, al rayar el alba, vimos a los lamanitas encima de nosotros, y huimos delante de ellos. Pero aconteció que no nos habían perseguido gran distancia cuando hicieron alto; y era la mañana del tercer día del séptimo mes. Y no sabíamos si los había alcanzado Antipus, pero dije a mis hombres:
He aquí no sabemos si se han detenido con objeto de que marchemos contra ellos para apresarnos en su trampa; por lo tanto, ¿qué decís, hijos míos? ¿Queréis ir a combatirlos?