Y aconteció que me volví con mis dos mil jóvenes contra esos lamanitas que nos habían perseguido. Y he aquí, los ejércitos de Antipus los habían alcanzado, y había principiado una batalla terrible. Y el ejército de Antipus, fatigado de tan larga marcha en tan poco tiempo, estaba a punto de caer en manos de los lamanitas; y si yo no hubiera vuelto con mis dos mil, los lamanitas habrían logrado su propósito.
Porque Antipus había caído por la espada, así como muchos de sus caudillos, por motivo de su fatiga ocasionada por la rapidez de su marcha; por tanto, los hombres de Antipus, confusos por la muerte de sus caudillos, empezaron a ceder ante los lamanitas.