Mas he aquí, nuestros ejércitos son pequeños para retener tan gran número de ciudades y tan grandes posesiones. Mas he aquí, confiamos en nuestro Dios, que nos ha dado la victoria en esas tierras, a tal grado que hemos adquirido aquellas ciudades y tierras que eran nuestras.
Ahora bien, no sabemos el motivo por el cual el gobierno no nos concede más fuerzas; ni estos hombres que han venido a nosotros saben por qué no hemos recibido mayores fuerzas. He aquí, no sabemos si habéis fracasado y os habéis llevado las fuerzas para esa parte de la tierra; si así es, no es nuestro deseo murmurar.
Mas si no es así, he aquí, tememos que haya alguna disensión en el gobierno, de modo que no mandan más hombres en nuestro auxilio; porque sabemos que son más numerosos que los que han enviado. Mas he aquí, no importa. Confiamos en que Dios nos librará, no obstante lo débiles que estén nuestros ejércitos, sí, y nos librará de las manos de nuestros enemigos.
He aquí, estamos en el año veintinueve, en las postrimerías, y ocupamos nuestras tierras; y los lamanitas han huido a la tierra de Nefi. Y estos hijos del pueblo de Ammón, de quienes he hablado tan favorablemente, están conmigo en la ciudad de Manti; y el Señor los ha sostenido, sí, y los ha librado de caer por la espada, a tal grado que ni uno solo de ellos ha muerto. Mas he aquí, han recibido muchas heridas; no obstante, permanecen firmes en esa libertad con la que Dios los ha hecho libres; y son diligentes en acordarse del Señor su Dios de día en día; sí, se esfuerzan por obedecer sus estatutos y sus juicios y sus mandamientos continuamente; y su fe es fuerte en las profecías concernientes a lo que está por venir. Y ahora bien, mi amado hermano Moroni, que el Señor nuestro Dios, que nos ha redimido y nos ha hecho libres, te conserve continuamente en su presencia; sí, y que favorezca a este pueblo, al grado de que tengáis éxito en posesionaros de todo lo que los lamanitas nos han quitado, que era para nuestro sostén. Y ahora, he aquí, concluyo mi epístola. Soy Helamán hijo de Alma.
Y estas son las palabras que escribió, diciendo: Mi muy amado hermano Moroni, tanto en el Señor como en las tribulaciones de nuestra guerra; he aquí, mi querido hermano, tengo algo que decirte concerniente a nuestra guerra en esta parte de la tierra.