Y os mando que hagáis estas cosas en el temor del Señor; y os ordeno que hagáis esto, y que no tengáis rey; para que si este pueblo comete pecados e iniquidades, estos recaigan sobre su propia cabeza. Pues he aquí, os digo que las iniquidades de sus reyes han causado los pecados de mucha gente; por tanto, sus iniquidades recaen sobre la cabeza de sus reyes. Y ahora deseo yo que esta desigualdad deje de existir en esta tierra, especialmente entre este mi pueblo; mas deseo que esta tierra sea una tierra de libertad, y que todo hombre goce igualmente de sus derechos y privilegios, en tanto que el Señor juzgue conveniente que habitemos y heredemos la tierra, sí, mientras permanezca cualquiera de los de nuestra posteridad sobre la superficie de la tierra.