Y cuando Mosíah hubo terminado de leer los anales, su pueblo que moraba en el país se llenó de admiración y asombro. Pues no sabían ellos qué pensar, porque cuando vieron a aquellos que habían sido librados del cautiverio, se sintieron llenos de un gozo sumamente grande.
Por otra parte, cuando pensaron en sus hermanos que habían sido muertos por los lamanitas, se llenaron de tristeza, y aun derramaron muchas lágrimas de dolor. Además, cuando pensaron en la cercana bondad de Dios y su poder para libertar a Alma y sus hermanos de las manos de los lamanitas y de la servidumbre, alzaron la voz y dieron gracias a Dios.
Y más aún, cuando pensaron en los lamanitas, que eran sus hermanos, y en su condición de pecado y corrupción, se llenaron de dolor y angustia por el bienestar de sus almas.